Chips espías: ciudadanos controlados por empresas y gobiernos

El lunes 28 de abril, el periodista Ernesto Villegas me entrevistó en el canal estatal venezolano, Venezolana de Televisión (VTV), en el programa “En Confianza”. La entrevista ha tenido una gran repercusión pero ese no es el motivo en sí de esta comunicación. Un corte de dicha tertulia fue retransmitido más tarde por otra de las televisiones grandes de aquel país, Globovisión. De ello me he enterado gracias a ciertas comodidades que ofrece internet ya que yo no lo ví y por supuesto no me avisaron ni contaron conmigo para nada.
El corte de esta televisión se centraba en descontextualizar mi intervención ofreciendo sólo una parte, en la que hablo del impulso que le están dando los laboratorios farmacéuticos, y otras muchas empresas de otros sectores, a la tecnología de seguimiento de objetos y personas por radiofrecuencias de radio o RFID (tema al que dedico un capítulo en mi libro Traficantes de salud, por ello me preguntó por este asunto el periodista).
 
Al parecer, Globovisión me presentó de manera insultante, burlesca, algo así como si fuera un paranoico. Según cuenta un tercer medio de comunicación venezolano, Noticias24.com: “Un videoclip mostrado en la serie de micros “Usted lo vio” [de Globovisión] parece mostrar a un periodista español, Miguel Jara como a un orate o un tonto por el tono habitual de los micros, que señalan las metidas de pata de gobernantes y políticos, dá la impresión de que sus creadores creyeron que Jara estaba hablando de mentiras, teorías de conspiración o de un completo absurdo”.
 

Como bien explica esta publicación, que dedica un extenso reportaje al asunto del RFID: “la tecnología de la que habló el español sí existe, ya está siendo usada y perfeccionada para su masificación, y debe comenzar a preocupar mucho a cualquier persona que aprecie su libertad y su intimidad.
 
(Jara tiene un blog donde discute este y otros temas y donde emite opiniones generalmente serias, bien informadas y documentadas).
 
La tecnología conocida como RFID (Identificación por Radio Frecuencia) consiste en instalar un pequeño chip [por ejemplo, en cajas de medicamentos como Viagra, comenté] que es capaz de almacenar todo tipo de datos (texto, imágenes), que a su vez pueden ser leidos mediante un aparato llamado transponder, capaz de recibir y leer los datos de todos los chips RFID cercanos”.
 

Como puede verse en el video de Globovisión, al parecer lo que “extrañó” a los responsables de ese programa es que dijera que la compañía IBM ha patentado el seguimiento de personas mediante tecnología RFID. Lo cierto es que el 3 de mayo de 2001, inventores de IBM tramitaron en Estados Unidos la solicitud de patente nº 20020165758, Identificación y rastreo de personas usando artículos con etiquetas RFID. Así lo narra el libro Chips espías: Cómo las grandes corporaciones planean monitorear cada uno de sus pasos con RFID, de Katherine Albrecht y Liz Mcintyre (Grupo Nelson, 2006).

 En sus páginas 33 a 35, sobre todo, las autoras de este libro imprescindible describen los entresijos de esta solicitud de patente. Narran las ventajas que según IBM tiene esta tecnología para seguir a una persona en el interior de un comercio, conocer qué otras compras trae de fuera y sus gustos o cómo puede utilizarse para conocer su edad, raza, sexo y nivel de ingresos.

 
El conocimiento profundo de los datos personales interesa a las grandes compañías para racionalizar al máximo sus métodos de venta y lograr mayores beneficios económicos. Por ejemplo, ofreciendo anuncios publicitarios específicos para cada persona en cualquier momento y lugar.

Pero hay más, como cuentan estas investigadoras en Chips espías: “IBM arrendó equipos con tecnología avanzada de tarjetas ponchadas al Tercer Reich para que Hitler pudiera rastrear a los judíos y sus propiedades”.

A tenor de lo visto, el programa de Globovisión cae por su propio peso.

Debate sobre la tecnología “espía” RFID

Pese al enorme desarrollo que está teniendo en el mundo sanitario la tecnología de seguimiento de objetos y personas mediante radiofrecuencias, RFID (por sus siglas en inglés), las patronales farmacéuticas parece que no tienen tan claro que ésta sea la fórmula elegida para la “trazabilidad” de sus fármacos.
 El Ministerio de Sanidad apuesta por el conocido sistema Data Matrix, de códigos bidimensionales antes que por la RFID. La industria farmacéutica tiene ciertas prisas por controlar lo antes posible sus medicamentos a lo largo de toda la cadena de producción y venta de los mismos. Normal, su intención es racionalizar al máximo la comercialización de fármacos para obtener los mayores beneficios posibles.
Lector manual de etiquetas RFID
Las prisas vienen por la crisis en la que está envuelta desde hace algunos años y que no tiene visos de solucionarse de manera rápida. Por ello, los laboratorios farmacéuticos quieren que se implanten cuanto antes sistemas de eso que llaman trazabilidad, que no es otra cosa que conocer dónde está cada caja de medicamentos desde que se produce hasta que llega al ciudadano.
 
La intención de las compañías es evitar los robos de medicamentos, las falsificaciones de los mismos y las temidas importaciones paralelas: que se compren medicamentos en los países de la Unión Europea donde son más baratos para luego, de modo legal, venderlos en los países con precios más altos.

Etiquetas RFID

 
El debate parece que deriva hacia si elegir Data Matrix o RFID, pero el asunto no es baladí y lo importante es que antes de poner en el mercado estas tecnologías de la información, que suponen una oportunidad de manipulación, sobre todo la RFID, queden bien definidos ciertos aspectos: conocer a fondo qué tipo de trazabilidad se quiere, qué información portarán estos artilugios, cómo se leerá esta, quién tendrá derecho a ello y cómo se almacenará.
 
Lo lógico es poner en claro todo esto, para qué sirve y luego ya elegir, llegado el caso, la tecnología. Hay que recordar que los medicamentos ya llevan hoy código de barras y que desde hace más de un año está en marcha un programa denominado Seguimed, auspiciado por el Ministerio de Sanidad. Éste es una aplicación informática a través de la cual se gestionan los datos relativos a las transacciones de los laboratorios, almacenes y oficinas de farmacia.
 
Representantes de Sanidad del PP y del PSOE han manifestado su preferencia por la RFID, así que en breve, toda vez que ya han pasado las elecciones generales, puede despejarse la incógnita.
 

Chips como los que se insertan en los animales de compañía comparados con el tamaño de un grano de arroz y de una moneda

¿Por qué es tan interesante la RFID y por qué tienen tanta prisa los laboratorios en impulsarla si ya hay otros métodos de control del fármaco? Eso está por ver, aunque de hecho Pfizer, por ejemplo, ya emplea este sistema para mandar sus lotes de Viagra desde su central en Francia hasta la de Estados Unidos.

Lo que no cabe duda es que la teconología RFID pone en riesgo la privacidad de los ciudadanos porque es un sistema basado en etiquetas electrónicas con chips que a diferencia del código de barras que identifica un producto pero es el mismo código para todas sus unidades, la RFID permite tener información de cada unidad de producto.

Si se instala este sistema en todos los frascos o cajas de medicamentos habría que ver si esta tecnología se desactiva tras su compra en la farmacia. De no ser así, la etiqueta se convierte en un “chivato” que puede ofrecer información sobre el consumidor del producto, información que puede ser muy valiosa precisamente para los vendedores de remedios. Es una tecnología con gran potencial “espía”, como narro en uno de los capítulos de mi libro Traficantes de salud y documenta muy bien el libro Chips espías, de Katherine Albrecht y Liz McIntyre.

Historiales clínicos móviles

Hace un par de días comentamos el seguimiento de ancianos en las residencias de ídem a través de la tecnología RFID (identificación mediante radiofrecuencias). Decíamos, basándonos en las publicaciones de dos investigadoras, que la empresa Intel lleva tiempo interesada en el seguimiento de personas mediante esas radiofrecuencias.
 
Pues bien, Intel y Philips están desarrollando lo que denominan un “asistente clínico móvil” (MCA, por sus siglas en inglés). Será inalámbrico y mediante el mismo, el personal sanitario podrá consultar a distancia los historiales clínicos electrónicos de sus pacientes.
 
Como ya explicamos, los “grandes avances” tecnológicos, que en demasiadas ocasiones se impulsan para satisfacer demandas creadas y suelen dar más problemas -medioambinetales, de salud o de preservar nuestra intimidad, como es el caso- se hacen con la sana intención de “mejorar la atención a sus pacientes”, y de los clientes, añado yo. Pero parece que no todos los cabos están atados. Los historiales clínicos son privados y demasiado importantes, y en otras ocasiones ha habido problemas con su “pérdida”. Estaremos muy atentos a cómo se preserva la intimidad de los ciudadanos con este tipo de artilugios que prometen hacerlo todo más fácil y eficiente.
 
De momento, sabemos que estos sistemas móviles se han diseñado con la información suministrada directamente por el personal sanitario. Y con estudios clínicos, entrevistas y las investigaciones etnográficas (sic) realizadas por la propia Intel. Esta compañía ha realizado estudios piloto en hospitales de todo el mundo, entre otros Hospital El Camino del Norte de California, Salford Royal NHS Foundation Trust del Reino Unido y el Hospital General Changi de Singapur. “Científicos sociales del Grupo de la Salud Digital de Intel (¿¡esto qué es?!) realizaron estudios etnográficos de médicos utilizando el MCA en cada hospital (…) en el contexto de práctica clínica real”, explica la empresa.
 
Lo cierto es que, entre otros problemas que puede ofrecer esta tecnología para la salud, está la contaminación electromagnética, tan peligrosa. Los lectores RFID emiten energía electromagnética y será necesario colocar numerosos lectores repartidos por los hospitales para que las señales puedan llegar a su destino.
 
Desconocemos los efectos a largo plazo de esta contaminación, que se produce las 24 horas del día y que se sumará a la emitida por los numerosos aparatos eléctricos de los hospitales y otras posibles fuentes emisoras de electromagnetismo, como las antenas de telefonía móvil cercanas a los centros de sanitarios o los propios teléfonos que hay en las clínicas.

Ancianos del futuro

Inglés *English version

 ¿A quién le gusta hacerse mayor? ¿Y estar controlado? Ser mayor y estar controlado a cada momento puede ser un gran negocio y además puede “venderse” por una buena causa social. Así es como suelen avanzar los proyectos más represivos.

A conocer en cada momento dónde se encuentra una persona o un objeto se le llama trazabilidad (concepto que no existe en nuestro diccionario, por cierto). En Valencia se ha celebrado una feria de productos destinados a personas mayores. En ella se ha presentado una “solución de localización, identificación y monitorización en tiempo real de residentes y empleados” de residencias geriátricas, como han explicado sus promotores. ¿Cómo puede lograrse esto? A través de un sistema basado en la tecnología RFID (radiofrecuencias de radio). Una empresa del Grupo GEMA realizó una demostración del proyecto: si un cliente de la residencia se aproxima a un acceso no permitido para él, el sistema genera las alarmas programadas y puede bloquear la puerta de manera automática. Al mismo tiempo, permite localizar en todo momento a la persona, lo que habilita disponer de la ubicación de cualquier residente y/o empleado en tiempo real y visualizarla sobre el plano de la residencia en cualquier consola de control.
Los ancianos cuyos familiares contraten estos servicios tendrán la garantía de que su congénere estará controlado en todo momento. El proyecto se conoce como “la residencia del futuro”. Desde mi punto de vista esto significa dar un paso más hacia la cosificación de las personas en función de los intereses económicos. No parece la mejor manera de acabar nuestra vida permanecer bajo control de manera sistemática.
En su libro Chips espías: Cómo las grandes corporaciones y el gobierno planean monitorear cada uno de sus pasos con RFID, sus autoras, Katherine Albrecht y Liz McIntyre, explican: “RFID es una tecnología que utiliza chips minúsculos de computadora -algunos de ellos más pequeños que granos de arena- para rastrear objetos a distancia. Si los planificadores maestros se salen con la suya, cada objeto -desde zapatos hasta automóviles- [medicamentos incluidos, añado yo] portará uno de estos chips minúsculos que pueden ser usados para espiarle sin su conocimiento o consentimiento”.
Es más, estas autoras afirman en su trabajo que compañías como IBM, Gillette o Intel están planeando rastrear humanos en los grandes almacenes o supervisar el uso que le damos a los productos en nuestras viviendas. Proyectos similares a la residencia del futuro pretenden ofrecernos la “casa del futuro”.

Pulsera con etiquera RFID similar a las que ya se utilizan en algunos hospitales

Incluso existen hospitales, como el Gregorio Marañón de Madrid, que han puesto en funcionamiento un proyecto para implantar el uso de las radiofrecuencias para el seguimiento y control de los posibles fármacos iatrogénicos (que causan daños a la salud). La iniciativa está basada en la instalación de etiquetas de radiofrecuencia en las dosis de los medicamentos, en las tarjetas de las enfermeras y en las pulseras que identifican a los pacientes del hospital a pie de cama.