Laboratorios que compran el silencio y peligrosidad de ciertos fármacos

Hace algunos días supimos de una nueva compra de silencio por parte de un gran laboratorio farmacéutico. Quien vendió la posibilidad de no encarar juicios por malas prácticas en la promoción de fármacos fue el gobierno de Estados Unidos, en concreto su Departamento de Justicia. Quien aceptó el negocio fue el laboratorio que más factura en el mundo, Pfizer. Resulta paradójico que en esta ocasión Pfizer haya pagado la “multa” por animar a la receta de uno de sus medicamentos Bextra (valdecoxib) para usos ilegales, algo que ya hemos comentado que al menos en España hace con su fármaco Neurontin, pero no por los graves efectos adversos que podía provocar el potingue en cuestión.

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Es costumbre en el sector que cuando un laboratorio ha creado los suficientes problemas como para enfrentar la Justicia el primero prefiera llegar a un acuerdo que llegar a los tribunales. Con dos objetivos: primero, por alta que sea la cifra a pagar suele ser menor que la que deberían asumir en caso de celebrarse los juicios. Segundo, salir una vez en la prensa por motivos que socavan con tanta claridad la imagen de una empresa es menos malo que exponerse a ser “percha informativa” de los periodistas durante los muchos meses que, de celebrarse, dura un pleito de estas características.

Bueno pues cumplidos sus objetivos lo que no debe de pasar desapercibido es que el citado Bextra es un preparado de la familia de los coxib, un grupo de medicamentos modernos muy conocidos entre médicos, y sobre todo farmacéuticos y farmacólogos, por ser especialmente peligrosos para la salud. Bextra estaba retirado de las farmacias estadounidenses. En 2004, el laboratorio Merck retiró “voluntariamente” su antiartrítico Vioxx (rofecoxib). Es muy difícil entender porqué si se demostró que Vioxx podía causar infartos de corazón y cerebrales en sus consumidores, como así fue en cientos de miles de personas con los resultados funestos que pueden imaginar, han continuado vendiéndose en las farmacias varios medicamentos con el mismo principio activo, caso de Bextra. Aún hay más: Pfizer oferta en la actualidad otro fármaco de la misma familia que Bextra o Vioxx, retirados, como escribo, el Celebrex (celecoxib) sin que se entienda por qué dentro de un mismo grupo de medicamentos unos se prohiben y otros no ¿no contienen el mismo principio activo? Si alguien sabe explicarlo que avise.

Merck sabía que vendía un fármaco mortal. Había llegado a esta conclusión tras realizar el ensayo APROVe, siglas en inglés de Prevención de Pólipo Adenomatoso con Vioxx, pero ocultó a la FDA esos trabajos para poder comercializarlo (las agencias del medicamento, como la estadounidense o la europea, aunque parezca mentira no realizan estudios independientes sobre los fármacos para los que los laboratorios les solicitan licencia, se limitan a revisar la documentación sobre dichos medicamentos que les presentan los fabricantes). Pero Merck también compró el silencio de sus demandantes por 3.400 millones de euros.

Más info: El libro Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad contiene capítulos específicos sobre el caso Vioxx, Pfizer o Merck, entre otros asuntos relacionados.

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Estudios médicos “pseudocientíficos” y más detalles sobre el “tráfico de recetas”

Durante las últimas semanas he publicado varias informaciones sobre cómo la industria farmacéutica utiliza un marketing de dudosa ética y legalidad para presionar a muchos médicos e intentar que estos acepten sus productos (pueden ustedes bucar en el blog por la etiqueta Marketing farmacéutico). La gravedad de lo que está pasando es difícil de medir porque numerosos médicos no sólo reciben regalos más o menos importantes de las compañías farmacéuticas -como tantas veces se ha documentado y publicado- sino que también son remunerados por estudios pseudocientíficos. Así lo ha denunciado, por ejemplo, la Asociación de Agentes de Propaganda Médica de Argentina (AAPM) cuyos miembros facilitan a las multinacionales farmacéuticas información sobre los hábitos de consumo de medicamentos por parte de los ciudadanos.

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En una dura información publicada por el diario argentino Página 12 esta organización de trabajadores relacionados con la industria farmacéutica -preocupados por la ética en su trabajo y el abismo de corrupción al que se ven abocados en muchos casos-, ofrece detalles, nombres y apellidos de médicos y empresas que trafican con recetas. Un responsable de la misma explicaba en ese diario cómo se realizan las gestiones:

Mire, doctor, tenemos este producto nuevo, aprobado por la FDA [Agencia estadounidense de medicamentos] y nos interesa que usted haga una evaluación con sus pacientes’. Y a continuación se le entrega al médico una hoja de evaluación. Por supuesto, todos saben perfectamente que eso no es un verdadero estudio clínico; los estudios clínicos deben estar aprobados por la ANMAT [Agencia de medicamentos de Argentina], ser gratuitos y seguir determinados procedimientos (…) ‘Y como esto implica mayor trabajo para usted, doctor, estimamos que le corresponden 50 pesos por la visita de cada paciente (…)’ Aunque en realidad esos recursos indirectos ya no se usan mucho; últimamente se hacen las cosas mucho más guarangas (obscenas)”.

La denuncia de la AAPM no escatima datos:

El laboratorio Casasco, junto con un producto, estuvo entregando al médico unas tarjetitas para raspadita, con premios. El laboratorio Syncro (hoy absorbido por Ivax), sorteaba un auto entre cien números que se otorgaban de este modo: si el médico prescribía un tratamiento recibía un número; si prescribía dos, dos números; con diez prescripciones obtenía diez de los cien números; y así sucesivamente”, explicaría el representante de los agentes de propaganda médica.

Añadiría además otros datos reveladores:

El doctor Federico Pavlovsky describió perfectamente lo que pasa [se refiere a una información publicada con anterioridad por el mismo diario]. ¿Y cómo controlar si el médico cumple en prescribir aquello por lo que se le paga? Los laboratorios hacen auditorías a partir de la información que compran de forma ilegítima. Las obras sociales, PAMI (Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados) y IOMA (Instituto de Obra Médico Asistencial) tienen convenios con administradoras de fármacos por las cuales la información se vuelca en planillas donde se incluyen datos confidenciales como los nombres y diagnósticos de los pacientes. Todo eso termina en poder de los laboratorios que lo usan para armar estrategias y para auditar el cumplimiento de los médicos”.

Más info: Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad.

Vacuna contra el Virus del Papiloma Humano: ¿Más vale prevenir?

Un artículo de opinión de Josep Manuel da Pena, médico de familia que ejerce en Barcelona.

¿Mas vale prevenir?

Como se ha dicho en el artículo de entrada, recientemente se han publicado dos artículos de investigación que mostraban que los genotipos 16 y 18 del Virus del Papiloma Humano (VPH) no se hallaban más allá de en el 30% de las lesiones CIN2 i CIN3 en mujeres de nuestro país. Hace unos dias se ha sabido que la incidencia de casos de cáncer de cuello uterino también han disminuido en nuestro entorno durante los diez últimos años.

Mientras tanto, las niñas en los colegios siguen vacunándose a velocidad de crucero por cuenta de la Administración autonómica: en unos casos con una de las vacunas y en otros con la otra. Además la vacunación se hace en cohortes de edad diferentes según la Comunidad. ¿Que pasará si cambian de lugar de residencia? También he podido comprobar que muchas mujeres sexualmente activas se vacunan “por si acaso”, muchas veces por consejo de su ginecólogo y también que hay un sesgo evidente; se vacunan más las de más recursos económicos.

Incluso colegios profesionales de médicos y de abogados han hecho de intermediarios para conseguir la vacuna más barata para sus colegiadas comprando más unidades. La eficacia del preparado está por demostrar; y su eficiencia, por tanto, ¿dónde queda? Algunos de nuestros políticos autonómicos corrieron a prometer la vacuna a sus niñas con fines electorales y los otros… “como lo hace el vecino, yo no seré menos”. En Madrid, Salgado, ministra de Sanidad de entonces, se abstuvo de tomar decisiones en su momento, pero su sucesor no se lo pensó dos veces para tomarlas y mantenerlas a pesar del “susto” de las dos niñas de Valencia. Una vez más las mujeres demuestran más inteligencia y prudencia que los hombres.

A todo esto, el entorno estaba perfectamente preparado con una ingeniosa y poderosísima operación de marketing a varias bandas: creación del monumento de Valencia con sus prismas “2008 odisea espacial” con el nombre de mujeres que enviaron un correo a dos amigas en favor de la vacuna; aparición providencial de grupos de pacientes que antes no existían y que exigían la distribución universal de la vacuna; líderes de opinión especialmente de la muy científica Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (que por cierto ahora vuelven a recomendar el tratamiento hormonal sustitutorio con todo lo que ha llovido) de la que no hay más que entrar en su web-organización-colaboradores para ver quien hay detrás; premios Nobel y Príncipe de Asturias a los investigadores de la vacuna (¿cuanto habrán pagado?); y campañas “informativas” a la población con fotografias de madre e hija guapísimas las dos mirando al futuro con confianza.

En fin, ya se sabía que la codicia humana no tiene límites y que siguiendo su dictado la industria ha transformado el antiguo e inespecífico refrán nuestro “más vale prevenir que curar” en un más realista y objetivo “más beneficia prevenir que curar”. Pero es que la estupidez humana ¿tampoco conoce límites? ¿Que no véis que nos están utilizando a todos en nombre de un intangible para que algunos pocos sean más ricos?

Internet y el marketing de los sospechosos habituales

Internet ofrece muchas posibilidades para obtener información sobre la ciudadanía. NetRank, por ejemplo, es una consultora británica que trabaja para multinacionales farmacéuticas como Pfizer, GlaxoSmithKline (GSK) y Johnson & Johnson, a las que ofreció hace tiempo su programa iReputation. Se trata de una herramienta informática que escanea de manera constante Internet buscando todo tipo de referencias que puedan interesar a las compañías. Éstas tratan así de proteger su imagen cuando surge algún problema, según reconocen publicaciones como CorreoFarmacéutico.com y El Cronista.

Una de las especialidades de iReputation es merodear en los blogs. John Straw, director de NetRank, se justifica así:

Alguien podría decir que estamos espiando pero en realidad esa información es de dominio público. Lo hacemos por el bien del paciente permitiendo que las empresas reaccionen más rápidamente a las preocupaciones”

Solo que esto está ocurriendo cuando, como denuncian cada vez más publicaciones, la industria farmacéutica está muy cuestionada y se multiplican los juicios interpuestos por pacientes a causa de los efectos colaterales de muchos medicamentos. Bueno, pues Eduardo Plaza -Director General de Saludalia Interactiva- y un conjunto de accionistas de la profesión médica han comprado la mencionada compañía a Unión Fenosa, su anterior propietaria. Claro que Saludalia también se dedica al marketing estratégico de la industria farmacéutica y posee una herramienta denominada Saludbase, base de datos del sector con datos de más de 150.000 profesionales sanitarios entre médicos, farmacéuticos, ATS y matronas. La compañía tiene además en Internet varios portales específicos para informar a todos ellos.

Antes la compañía Activity Benchmarking Deutschland había iniciado sus actividades de benchmarking -proceso continuo para medir las prácticas, productos y servicios de las empresas de la competencia o los líderes de cada sector industrial- para la industria farmacéutica en Alemania, Austria y Suiza uniéndose a la española QSM Activity Research (España) y a Activity Benchmarking Ltd. del Reino Unido. Activity ofrece

comparaciones confidenciales de indicadores de gestión y organiza foros para el intercambio de experiencias entre profesionales. Los proyectos abarcan marketing y ventas, la función médica, operaciones clínicas y otros ámbitos de la industria farmacéutica”, según explica una nota informativa de QSM. Y es que ese mundillo, como puede comprobarse, está rodeado de un halo de secretismo y términos confusos.

El resultado de todo esto es simple: todos somos susceptibles de estar en alguna lista. La intimidad real no existe. Nuestros datos personales no están hoy protegidos. ¿Quién no está ya harto de recibir  en su propio domicilio propuestas comerciales de todo tipo en una clara violación de su intimidad, perpetrada con la complicidad de las compañías telefónicas y la absoluta dejadez de las autoridades?

En Estados Unidos se han conocido en los últimos años detalles sobre la discreta relación económica que une a la industria de la salud y las farmacias. Resulta que éstas están recibiendo un dólar por cada paciente que recibe una carta de seguimiento sobre medicamentos o tratamientos y hasta tres dólares por cada llamada telefónica al cliente. La Administración estadounidense ha comprobado que el problema es hoy de tal magnitud que se les escapa de las manos e intenta ponerle freno. De ahí que desde abril de 2003 las nuevas leyes de privacidad médica obliguen al personal de salud a preguntar a sus pacientes cómo puede o no utilizarse su historia médica privada.

Cómo conseguir datos de médicos y fármacos para hacer marketing

En la línea de los dos anteriores post publicados en este blog, comentarles que la compañía de marketing farmacéutico IMS Health -como demuestran los documentos que obran en nuestro poder- ofrece desde hace tiempo a los responsables de las farmacias la posibilidad de conectarse mediante un programa de software específico con sus oficinas: Pharmatrend. Así es como denomina a un programa que -explica la empresa en un folleto que cooperativas de distribución farmacéutica como Novafar mandan a sus asociados, no sabemos con qué interés- pretende

recoger las tendencias de las clases terapéuticas en volumen de compras, ventas, stocks y % de prescripciones directamente de su sistema informático”.

Es decir, que por 361 euros anuales (dato de septiembre de 2005) el farmacéutico instala en su ordenador un sistema informático que manda cada semana a través de Internet sus datos de compra-venta a IMS Health. Esta corporación asegura que son datos de consumo, no de receta, pero un farmacéutico al que le han ofrecido el sistema nos daría una opinión bien distinta

Entre la información que recibe IMS está el código postal de la farmacia y sólo con eso los laboratorios pueden conocer prácticamente lo que toman los pacientes de una población, barrio o distrito. Cada centro de salud o médico está relacionado con un código postal dentro del cual están las farmacias a las que por lógica van a comprar los pacientes de los primeros. De modo que con los datos de las clases terapéuticas vendidas en la farmacia de un distrito puede saberse qué recetan los médicos de ese distrito. Esos datos los compran los laboratorios y luego organizan congresos o mandan a sus visitadores a las consultas para modificar los hábitos de receta de los galenos en función de sus intereses corporativos”.

Es más, IMS Health ha enviado, al menos en España, un folleto titulado Estudio sobre hábitos de prescripción a numerosos médicos de Atención Primaria donde tras afirmar que más de 12.000 médicos colaboran con la empresa les pedían directamente que rellenaran un cuestionario para saber lo que recetan y en qué dosis. Y para que éstos accedan les regalan sólo por rellenarlo -a elegir- un reloj de cuarzo de acero, una manta polar de viaje, un set de barbacoa, un set de herramientas, un juego de toallas o una bolsa de viaje. Y si no les gustan los regalos pueden ceder su importe a la Asociación Española contra el Cáncer.

El peligro de los usos falsificados de medicamentos

Pese a lo publicado en el anterior post, Close Up no es la compañía líder mundial en este negocio de auditoría o espionaje de los hábitos de receta de los médicos. El primer puesto entre las corporaciones dedicadas al marketing farmacéutico lo ocupa la estadounidense International Marketing Services Health (IMS).

Durante mis visitas a la sede argentina de la compañía IMS Health se me permitía a veces echar un vistazo subrepticio a un enorme libro de registro del número y monto mensual de ventas pero no fotocopiarlo. Recuerdo que un director de ventas con quien me cité en un café traía algunas cifras anotadas en un trozo de papel, me permitió verlas y luego lo rompió”, contaría el mencionado profesor Lakoff a la revista argentina Página 12 agregando: “Los datos de ventas eran confidenciales y muy valiosos: las empresas farmacéuticas pagan hasta 150.000 pesos anuales (unos 38.104 euros) por suscribirse”.

En suma, datos como los que vende IMS Health sirven luego a los grandes laboratorios para intentar que los médicos más abiertos a sugerencias receten sus medicamentos incluso en dolencias para los que no están indicados con el consiguiente riesgo para la salud de los enfermos. Cuando la multinacional Pfizer adquirió el laboratorio Warner-Lambert un ex directivo de la empresa recién adquirida, el doctor David Franklin, denunció a la compañía compradora por promocionar su fármaco Neurontin para más de una docena de patologías para las que no estaba aprobado. La gabapentina, principio activo de ese medicamento, está permitida por la FDA (la agencia que controla los alimentos y los fármacos en Estados Unidos) para el tratamiento de la epilepsia y los dolores neuropáticos pero Pfizer decidió promocionarlo también para patologías tan dispares como las crisis maniacodepresivas, el déficit de atención, las migrañas, el trastorno bipolar, el síndrome de piernas inquietas o el síndrome de abstinencia.

La conocida organización estadounidense de defensa del consumidor Public Citizen aseguraría que se elaboró para ello una lista de médicos dispuestos a recomendar la gabapentina para usos no autorizados en cenas, reuniones de consultores, seminarios educativos e, incluso, a través de teleconferencias. Según explicó la asociación en su boletín -Worst Pills, Best Pills- los médicos cobraban entre 250 y 3.000 dólares por acto asegurando que algunos llegaban a ganar más de 10.000 dólares al año. Pfizer terminaría siendo multada por ello con 430 millones de dólares por utilizar información falsa y/o manipulada sobre Neurontin y promocionarlo para dolencias no aprobadas. Sólo que no importa. El negocio compensa. Se calcula que en un solo año Neurontin hizo ingresar a la compañía 2.700 millones de dólares, descubriéndose que el 90% de las recetas no correspondían a ninguna de las dos indicaciones aprobadas por la FDA. ¿Que a los enfermos se les está engañando y probablemente dañando por los efectos secundarios del fármaco? ¿A quién le importa?

Esta estrategia, que a muchos lectores puede parecerles incomprensible por no decir imposible de llevar a cabo, se explica porque se da la paradoja -por no utilizar otra palabra más dura- de que en Estados Unidos las compañías no pueden promocionar sus fármacos más que para las enfermedades para las que tienen el visto bueno de la FDA pero los médicos pueden prescribir cualquier fármaco para tratar cualquier enfermedad, esté o no oficialmente indicado su uso en ella.

IMS Health también opera en España. En uno de los documentos estadísticos que oferta sobre Neurontin hecho en nuestro país, al que hemos tenido acceso, la empresa recoge datos sobre las veces que los médicos españoles recetaron ese fármaco durante el periodo comprendido entre abril y junio de 2002 en enfermedades para las que no está indicado. Y pese a que la propia IMS Health tiene clasificado como antiepiléptico el Neurontin en la base de datos de la compañía aparece recetado para otras muchas dolencias, casi todas ellas relacionadas con problemas psíquicos o psicológicos: depresión -y eso que la propia ficha técnica del fármaco afirma que uno de los síntomas adversos observados durante los ensayos clínicos que hizo Pfizer era precisamente el de depresión-, trastorno bipolar, trastornos nerviosos, fobias, adicción al alcohol o a la cocaína e, incluso, para tratar ciertos herpes o diabetes. Y toda esa información, insistimos, la obtiene IMS Health de las recetas que extienden los médicos.

El negocio del tráfico de recetas de farmacia

En un artículo publicado hace no mucho en el New York Times los investigadores Sheryl Gay, Stolberg y Jeff Gerth describían cómo aprovechan las empresas farmacéuticas las nuevas tecnologías para elaborar resúmenes sobre las pautas de prescripción de los médicos estadounidenses. Muchos de estos ignoran que sus decisiones profesionales son revisadas con un interés puramente comercial por los grandes laboratorios. Hábitos de receta que adquieren mediante la compra de esa información a las farmacias, al propio Gobierno y a la American Medical Association (AMA) en un negocio valorado hoy en más de 20 millones de dólares anuales. El periódico neoyorquino afirmaba que la información que adquieren las corporaciones no contiene datos sobre pacientes pero es evidente que se infiere en la privacidad de los médicos y en su relación con el enfermo así como en el conocimiento de sus pautas de prescripción y eso les permite saber cómo pueden influir en ellos a la hora de promocionar sus productos.

A partir del análisis de las prácticas de los profesionales de la salud las compañías saben qué doctores recetan un determinado medicamento o cuáles pueden llegar a hacerlo con la adecuada persuasión por parte de sus visitadores médicos. Y esos galenos son, de hecho, los que reciben más visitas de los comerciales de productos farmacéuticos. Además, ciertos médicos realizan consultorías con las que pueden sumar varios centenares de dólares por trabajo.

Es decir, en Estados Unidos las farmacias saben por las recetas el número de identificación de cada doctor -aunque no su nombre- y, por ende, los fármacos que prescribe; no teniendo reparo alguno en vender esa información. La Administración, por su parte, comercializa el código que permite identificar los números que facilitan las farmacias y a partir de ellos averiguar los nombres de los médicos. Y, por último, la American Medical Association (AMA) ofrece información personal y profesional detallada de sus asociados. Con lo que el círculo se completa.

Es más, la carrera profesional completa de cada médico estadounidense puede ser controlada por las compañías ya que la AMA también vende el Número de Educación Médica que ella misma asigna a cada uno desde que es un simple estudiante de Medicina. De ahí que los investigadores antes citados no duden en concluir: “La venta de esa información pone en entredicho a la American Medical Association porque por una parte recomienda a los médicos que no acepten pagos de la industria farmacéutica pero, por otra, vende información a esa misma industria sobre sus asociados”.

Se preguntarán qué ocurre en España. Aquí, por ejemplo, la compañía especializada en marketing farmacéutico Close Up también accede a las recetas médicas en las propias farmacias. Así lo denunció públicamente el Colegio Oficial de Farmacéuticos vizcaíno en su circular no 30/99:

La empresa Close Up, en colaboración con Microdata Servicios, está visitando las Oficinas de Farmacia para proceder al escaneado de todas las recetas dispensadas en las mismas”. Ante lo cual el colegio pidió que “por deontología profesional, en ningún caso se faciliten los datos de las recetas de las farmacias y menos a cambio de una contraprestación económica”.

El Director General para España y Portugal de Close Up es Alberto Franco González, nada menos que académico de la Real Academia de Medicina además de Vicepresidente para Europa de Close Up Internacional. Obviamente, España no es pues el único país donde actúa esta empresa. También lo hace, por ejemplo, en Argentina. El profesor de la Universidad de California en San Diego, Andrew Lakoff, autor del trabajo Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, explica en él que Close Up ofrece a los laboratorios averiguar qué médicos recetan sus productos, quiénes recetan los de sus competidores y cuánto prescribe cada galeno.

Para conseguir esa información -explica hablando sobre Close Up- compró o intercambió copias microfilmadas de recetas médicas tomadas en las grandes cadenas farmacéuticas. Pretendía cubrir dieciocho millones de recetas médicas en Argentina y contar con los perfiles de comportamiento de más de 90.000 médicos, incluyendo aproximadamente 2.000 psiquiatras de la ciudad de Buenos Aires”. Añadiendo: “Un experto vendedor de psicofármacos me contó cómo empleaba los datos correspondientes a un barrio de clase media-alta como Palermo (…), ubicó a los cinco mejores médicos y averiguó cuánto recetan de qué droga. Frecuentemente se trata de médicos que prestan servicio a un elevado volumen de obras sociales (algo parecido a la Seguridad Social española). Así el estratega de ventas pudo hacer marketing selectivo”.

Close Up, en colaboración con la empresa alemana especializada en soluciones de software E-business SAP, desarrolló a comienzos de 2003 el programa informático Intelligent Data que permite al personal de los laboratorios analizar información y tendencias de la industria farmacéutica. Según ambas compañías,  con él un laboratorio puede cruzar los datos de auditorías de ventas, prescripciones, marketing, etc. Como reconoció Luis Hernández -uno de los directores de Desarrollo de Negocios de Close Up- en el seminario El futuro de la gestión en salud organizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC),  “la información es un activo que la salud ha subutilizado. Y las empresas de salud necesitan desarrollar soluciones que las hagan ser más eficientes y competitivas para poder cumplir el rol para el que han sido diseñadas”. Vaya que el espionaje de las recetas que se extienden a los ciudadanos también son objeto de tráfico y negocio por empresas del ramo.

Continuará…

Más info: Traficantes de salud contiene un capítulo titulado Chips y espías en la farmacia que abunda en estos aspectos.