Esperando a la “pandemia”: Pero, ¿qué ocurrirá cuando el virus H1N1 se extienda por África?

De una entrevista que le realizaron hace no mucho al profesor Maximo Sandín en el blog de original nombre e intenciones Zeteticismo (vale la pena leer la definición del concepto en el propio blog) rescato parte de la última respuesta de este profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. El enunciado que precedió a su contestación es: “Algún comentario o reflexión final sobre el Año de Darwin”. Como saben lo lectores asiduos de este blog, Sandín es un conocido analista crítico de las enseñanzas de Darwin que, según él, son utilizadas por los poderosos contemporáneos para mantener el control social. El contenido de la respuesta es de la máxima actualidad pues por estos párrafos desfilan virus, enfermedades, genes e incluso el autor propone interrogantes sobre el transcurrir del protagonista de la gripe A, el virus H1N1. Se lo resumo a continuación.

Africa cerdo

Comienza Sandín contestando al enunciado propuesto:

Sólo quisiera pedir a los que tengan la paciencia de leer esto que reflexionen sobre lo que realmente ha significado el darwinismo que, insisto, no es una creación de Darwin, para la Biología y para la Humanidad. Una concepción distorsionada de la Naturaleza y de las relaciones de los hombres entre sí. ¿Cómo se puede interpretar la enorme complejidad de las relaciones ecológicas, en la que todos los elementos bióticos y abióticos están interrelacionados y en la que todos son absolutamente imprescindibles, en términos empresariales regidos por la competencia? ¿Cómo se puede extrapolar la competencia a los más recónditos niveles de la vida? Compiten las células, las moléculas, el ADN es “egoísta” y lo que no se entiende es “basura”…

Esta forma de ver la Naturaleza lleva a los especialistas más brillantes y prestigiosos a interpretar todos los fenómenos biológicos al revés de la realidad, en función de lo que les han enseñado. Intentaré explicarlo simplemente, aunque no sé si seré capaz: Los conocimientos actuales están mostrando que las relaciones entre los organismos entre sí y con el entorno están regidas, no por la competencia, sino por el equilibrio en forma de redes complejas de interacciones que comunican los organismos entre sí y con el ambiente”.

Si me permiten un inciso ¿acaso esta no es la mejor definición de lo mejor de Internet? Continúa el profesor.

Que la información genética, también fruto de una compleja red de interacciones moleculares, también tiene una gran capacidad de respuesta al ambiente (un concepto odiado por los “deterministas”), mediante distintos procesos genéticos y epigenéticos. Que vivimos literalmente inmersos en una inconcebible cantidad de bacterias y virus que tienen unas funciones esenciales para la vida en el Planeta y en el interior y el exterior de los organismos, y que su aspecto patológico (extremadamente minoritario), es el resultado de algún tipo de desestabilización de sus funciones, de algún desequilibrio de sus relaciones naturales”.

Pero, es que hemos hecho -los seres humanos, se entiende-, algo mal, para enfadar a la naturaleza?

Si tenemos en cuenta estos datos reales, te produce una sensación angustiosa cuando lees que se están invirtiendo cifras fabulosas para “secuenciar los cánceres” o cuando ves los descubrimientos de los, cada vez más numerosos, “genes del cáncer”. El cáncer no está en los genes (en unos “genes malos”). Es producto de agresiones ambientales, porque vivimos sometidos a infinidad de sustancias químicas sintéticas, a radiaciones electromagnéticas, a estrés inmunodepresor… los genes del cáncer son alteraciones genéticas y epigenéticas (y por eso pueden ser hereditarios) producidas por estas agresiones. Y los “virus cancerígenos” son virus endógenos activados por estas agresiones y emitidos por los tumores. Y los virus no “mutan para evadir las defensas del hospedador”, porque los virus en estado libre son absolutamente inertes. Y los virus endógenos no son “parásitos” ni “explotados por el hospedador”, y no “secuestran la maquinaria celular”, sino que es la célula la que utiliza los componentes de los virus. Podríamos llenar un tomo de buen grosor con interpretaciones de este tipo. Lo que todas tienen en común es que estos “descubrimientos” están enfocados en intentar interrumpir  estos procesos, en lugar de comprenderlos y prevenirlos y servirán para fabricar (y vender) fármacos”.

Máximo Sandín explica que este es el motivo por el que no va a cambiar nada en las interpretaciones “patológicas” de la Naturaleza. Es más rentable vender medicinas (fundamentalmente para “tratar los síntomas”) que evitar las enfermedades. Y dentro de este negocio, las vacunas son el mejor negocio. La inmunidad natural es un fenómeno mediante el que el organismo mantiene el equilibrio con los innumerables microorganismos del entorno. En unas condiciones razonables (no exageradas) de higiene y condiciones adecuadas de nutrición y salud, se produce sin ningún problema. Pero Sandín continúa con su respuesta:

La introducción en el torrente circulatorio de variadas dosis de antígenos o microorganismos “atenuados” puede producir una debilitación del sistema inmune, haciendo a la población más susceptible a enfermedades y produciendo problemas alérgicos. Incluso, los aditivos de algunas vacunas derivados del mercurio o del aluminio, que son neurotóxicos, se han asociado por expertos “silenciados” a problemas neurológicos y al aumento de la incidencia de autismo. El caso de la innecesaria y peligrosa vacuna contra el papilomavirus es muy explícito. Se descubrió que dos de los miembros del tribunal que concedió el Nóbel (la mejor publicidad) a Zur Hausen estaban relacionados con la industria farmacéutica. Semejante escándalo, que se publicó en la prensa, habría sido suficiente para retirarle el Nobel y suspender las vacunaciones, ¿ha oído algo de ello?”.

En este punto el especialista en antropología recuerda lo que por obvio no merece olvidarse: “Los magnates que están detrás de la industria farmacéutica, de la biotecnológica, de los transgénicos… y de la información, tienen mucho dinero y, por tanto, mucho poder”. Y para ir finalizando añade:

No quiero profundizar aquí en este tema porque podría ser acusado de “conspiranoico”, un término acuñado por los “creadores de opinión” (estos mismos magnates han creado centros para “crear opinión” mediante la difusión de tópicos), para los que denuncian estas maquinaciones. Prefiero que el (hipotético) lector investigue por su cuenta. Pero sí quiero decir que mi búsqueda de información sobre estos temas me ha llevado a comprobar que el Mundo está en manos de verdaderos paranoicos (por cierto, fervientes darwinistas), que han adquirido tanto poder que se sienten autorizados para decidir el destino de la Humanidad, y quienes o cuantos les sobran. No es una “teoría conspirativa”. Lo han comentado públicamente y se les puede ver en los medios de comunicación durante reuniones en las que comparten sus preocupaciones “filantrópicas” por el aumento de la población mundial.

He leído informaciones terribles sobre vacunaciones esterilizadoras a indígenas americanas o en la India y Filipinas. Por eso, cuando leo que se han hecho estudios genéticos en poblaciones africanas “para conocer su evolución” o en indígenas mexicanas “para poder aplicarles la medicina personalizada” me produce una gran preocupación. Como la que me produce pensar qué pasará cuando el extraño virus recombinante “H1N1” se extienda por África”.

Este último enlace pertenece a la página del Instituto ISIS -una creación de Edward Goldsmith, el ecólogo más impotante de la actualidad y fundador de la revista The Ecologist- y lo firma Mae-Wan-Ho, una bioquímica coreana que abandonó la investigación en “ingeniería genética” cuando comprendió de qué iba la cosa (Wan-Ho es autora de un libro de fácil acceso llamado “Ingeniería genética, sueño o pesadilla”). Lo que dice esta información es que, según algunos expertos, un virus recombinante de tres especies (como el H1N1) es poco menos que imposible en la naturaleza pero factible en un laboratorio y habla de los peligros de las vacunas en general. En fin, ya queda menos para que les podamos contar de qué va la vacuna contra la gripe A. Sigan a la escucha.

Más info: Sobre el poder de las multinacionales farmacéuticas, con capítulos monográficos dedicados a los laboratorios más importantes, pueden leer Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad. Sobre cómo se crea opinión, se controla ésta y se impone la versión de los grupos de interés privado en estos y más asuntos, Conspiraciones tóxicas: Cómo atentan contra nuestra salud y el medioambiente los grupos empresariales.

El lobby nuclear al salvamento de Garoña

Ya lo sabrán. En el día Mundial del Medio Ambiente se cumplieron los peores presagios y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), la máxima institución en lo que se refiere a la energía atómica en España, ha decidido por unanimidad prorrogar la vida de la central nuclear de Garoña (Burgos). Habrá Garoña durante diez años más pese a la vejez de la central y sus omnipresentes problemas de seguridad. Entre los cinco consejeros que han tomado la decisión está Antonio Colino, ex director de reactores avanzados de Endesa y ex presidente de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA). Esto representa todo un conflicto de intereses.

Pero no es el único, más bien es la norma. Como algunos venimos denunciando durante los últimos años, muchos expertos piensan que el CSN se ha convertido en el primer lobby a favor de quien, por ley, deberían vigilar: la industria nuclear. La institución encargada de velar por la seguridad y control de las instalaciones nucleares ha mantenido unos lazos tan estrechos con las principales empresas del sector en España y ha tomado decisiones tan sospechosamente sorprendentes que ha provocado auténticas conspiraciones palaciegas en su contra por parte de técnicos y hasta directivos de la entidad.

La decisión del CSN contraviene el compromiso electoral del gobierno de Zapatero que es el cierre paulatino de las centrales nucleares. Tampoco es la primera vez que una central amplía su plazo de funcionamiento para satisfacer los intereses de la industria nuclear. La planta atómica de Cofrentes logró en marzo de 2001 una nueva prórroga de explotación del Ministerio de Economía por diez años, previo informe favorable del CSN. A finales de marzo de 2002 la planta aumentó la potencia de su reactor desde el 100% nominal al 110%, siempre con el permiso del Consejo. Para conseguir un mayor rendimiento se realizaron algunas modificaciones del diseño original de la central que requirieron introducir combustible de uranio de mayor potencia energética, lo que también conllevó una serie de cambios en los sistemas de control y de refrigeración de emergencia. Para todo ello deben actualizarse las Especificaciones Técnicas de Funcionamiento (ETF), algo así como las normas básicas para un correcto manejo de la central.

El CSN obvió la realización de una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) que debería haber exigido, como órgano con competencias ambientales en el tema nuclear que es. En el proceso, durante la parada y las pruebas de arranque, la planta atómica sufrió un número de sucesos consecutivos sin precedente. Nueve de estos fueron notificados al CSN de manera reglamentaria, pero en realidad hubo otros tres sucesos importantes más que no fueron notificados. Uno de ellos fue detectado por el cuerpo de la Inspección Residente (IR), funcionarios del CSN que viven en los complejos nucleares para realizar labores de control de las plantas. Concretamente, los inspectores detectaron que durante la recarga los operarios de la central habían introducido mangueras de cables a través de unas válvulas que conectaban con la contención secundaria de la central. De haber ocurrido un accidente en esas condiciones las válvulas no habrían podido cerrarse y la radiactividad hubiera escapado irremisiblemente hacia el exterior.

Esta chapuza quizás era explicable por la urgencia de no detener la producción de la central (y por lo tanto, la facturación para Iberdrola, propietaria de la mitad de la planta) demasiado tiempo. Al final, Cofrentes logró su espectacular transformación en apenas 29 días.

Hubo aún más sorpresas. El 27 de marzo de ese 2002 se produjo una reunión entre directivos de la central y los dos Inspectores Residentes (IR) del CSN que se convirtió en una dura reprimenda. ¿A quién?, a los inspectores. Éstos habían levantado las correspondientes actas tras los problemas que había sufrido Cofrentes. La lógica dice que detrás debía venir un expediente sancionador. Parecía realmente que en lugar de la autoridad en materia de seguridad e inspección se tratara de dos empleados más de Iberdrola, por el tono que tuvo aquella reunión. Cuál no fue la sorpresa de los dos IR cuando sus jefes no sólo no les defienden sino que apoyan las tesis y actitud de la dirección de Cofrentes. 

Sólo el conocimiento de los hechos por parte de Greenpeace logró que meses después el CSN sancionara a los mandatarios de la central. Esta actitud de Cofrentes de presionar a los IR del CSN cuando hacen algo que no les conviene es realmente muy preocupante, y demuestra la enorme presión que ejerce la industria nuclear sobre el órgano de control para salvaguardar sus intereses económicos, aún a costa de sacrificar la seguridad. Y especialmente grave es que los altos responsables del CSN transijan favoreciendo los intereses de la central nuclear en lugar de hacer prevalecer la seguridad, que es su función.

Yo soy antinuclar

A pesar del rechazo generalizado de la población, el discurso en pro de la energía nuclear ha vuelto a reavivarse con motivo de la cada vez más palpable amenaza del cambio climático. Empresas de relaciones públicas, think tanks como la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) ­-que preside José María Aznar-, líderes de opinión entre los que se encuentran desde políticos hasta cierta parte de míticos personajes del movimiento ecologista[1] y lobbies varios están tratando de mejorar la dañada imagen de estas fuentes energéticas. Así, un grupo configurado por 22 empresas lideradas por Iberdrola, la alemana RWE Power y la francesa EDF, acudieron en noviembre de 2004 a Bruselas para presentar un documento conjunto en el que afirman que la energía nuclear es “un elemento central en la futura planificación energética de la UE”[2]. Las empresas españolas que han rubricado con su firma el citado documento son, además de Iberdrola, Nuclenor (gestora de la planta atómica de Santa María de Garona, propiedad al 50% de Endesa e Iberdrola), y las firmas de ingeniería Empresarios Agrupados y Tecnatom. La patronal nuclear quiere que todas las opciones de producir energía se mantengan y esto, por supuesto, incluye a las plantas nucleares.

Más info: En el libro Conspiraciones tóxicas dedicamos dos capítulos al lobby pro nuclear en los que contamos la subordinación del CSN a los grupos de presión atómicos y la filtración de casi todos los ayuntamientos que acogen una central nuclear en España por políticos que trabajan o tienen una relación indirecta con la planta.


[1] En mayo de 2004 aparecía en la primera página del periódico británico The Independent un artículo del científico James Lovelock, creador de la hipótesis Gaia (que postula que la Tierra actúa como un súper organismo). Lovelock reprendía a los críticos de la industria nuclear utilizando los miedos al cambio climático, la desertización o la sobrepoblación y la deforestación.

Débil democracia en la Europa de las corporaciones

El próximo domingo se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Esta ha sido una de las campañas electrorales más superficiales, sin contenido, de la historia de la democracia española. No lo digo yo, que también, lo titulaba en primera plana ayer un periódico al que no puede calificársele de “antisistema” como el diario El Mundo. Y lo repetía en su editorial. Pero no voy a polemizar sobre esto. A mí lo que me interesa es interrogarles sobre ¿qué es lo que votan los ciudadanos europeos? ¿Quién manda realmente en la Unión Europea?

Hace algo más de un año fui invitado por Los Verdes en el Parlamento Europeo a participar en una conferencia sobre lobbies industriales en la UE y su poder de presión sobre los políticos. En una de las salas principales del magno edificio de Bruselas desentrañé algunas de las prácticas de presión corporativa o lobbismo de algunos de los sectores más poderosos de la industria europea; qué estrategias utilizan para conseguir que buena parte de las decisiones que toman los europarlamentarios reflejen los intereses empresariales por encima de los de las personas; o cómo apenas sin que nos demos cuenta la democracia ha ido difuminándose en casi todos los países que presumían de demócratas e instalándose un Totalitarismo Global Corporativo, una dictadura económica de guante blanco que por primera vez en la historia se produce en todo el globo terráqueo al mismo tiempo y con los mismos protagonistas.

El auditorio, en el que había periodistas, activistas y, claro, euroediputados, parecía estar ante una aparición; recuerdo en especial a un asistente que tenía justo delante que me miraba fíjamente con la boca abierta como si nunca hubiese oído hablar de lo que exponía. Parece que buena parte de la población y entre ellos algunas especies perfectamente adaptadas al ecosistema bruselense, no quieren enterarse de que a menudo las decisiones del poder político están dirigidas por los intereses económicos de las grandes empresas y las asociaciones patronales de los sectores económicos preponderantes. Ocurre en todos los estamentos y a todos los niveles de decisión: en el Parlamento Europeo (con muy poca capacidad de decisión real) y la Comisión Europea (el Gobierno de facto de la UE), por no hablar de los distintos gobiernos estatales, en los autonómicos y en los municipales.

Tecnologías y servicios contaminantes o peligrosos como la energía nuclear, la telefonía móvil, muchos fármacos, los alimentos transgénicos, los 104.000 productos químicos tóxicos liberados en el medio ambiente o la construcción de refinerías petroquímicas o centrales térmicas, salen adelante por la actividad de los lobbies industriales, pese a que la población se muestra en contra mayoritariamente. En mi viaje a Bélgica, tuve la oportunidad de charlar con un eurodiputado que me contaba cómo hacía unos días Eduardo, el lobbista de una compañía telefónica muy conocida, había entrado en su despacho como Pedro por su casa para “discutir” con él sobre el paquete de medidas referente a las nuevas tecnologías que estaban debatiéndose en el Parlamento Europeo en esas fechas. Discutieron sobre si proponer o no ofertas a los minusválidos por sus llamadas, sobre el precio general de estas, sobre el cambio de compañía. Como pude ver también, un informe que analizaba hasta qué punto “penetran” los grupos industriales en la toma de decisiones de los políticos afirmaba que la mayor parte de las enmiendas presentadas por los dos grandes grupos parlamentarios europeos a ese paquete de telecomunicaciones contemplaban las ideas expuestas por el lobbista de esta compañía y del sector en cuestión. Estos grupos políticos supuestamnete enfrentados en todos los países europeos, y por supuesto en España (que no en el gobierno vasco) presentaron ciertas enmiendas juntos. Me llamó la atención que la tercera fuerza política, de izquierdas (constituida en buena medida por los “desechos” de los partidos comunistas del “bloque del Este”) hubiera votado a favor en hasta un 65% de las ocasiones de las propuestas de las diferentes patronales más representativas del capitalismo global.  Según datos oficiales, actualmente, son más de 15.000 los lobbistas registrados en el Parlamento Europeo, lo que, con un aforo de 732 escaños, da una proporción de ¡más de 20 lobbistas por diputado!

En el edificio del Parlamento Europeo todos los días se desarrolla, en muchos casos ante la mirada del personal que trabaja en el mismo y los visitantes, como tuvimos ocasión de presenciar, un trabajo sistemático de relaciones públicas y contactos directos entre los empleados de los grupos de presión de las empresas y asociaciones empresariales, los lobbistas, con los políticos y funcionarios locales. Esto no creo que sea lo que votan los ciudadanos europeos pero es la realidad: la política europea está influida de manera decisiva y sistematizada por las grandes corporaciones empresariales que consiguen que buena parte de las normas que se aprueban en la UE les beneficien o al menos no vayan contra sus intereses. Por supuesto que hay excepciones, sólo faltaría, pero en mi visita y en mis años de trabajo investigando estas actuaciones antidemocráticas he podido comprobar la débil salud de la democracia en la Unión Europea. Vivimos confome a un concepto de democracia perfectamente adaptado a las necesidades de los grandes sectores industriales.

Más info: El libro Conspiraciones tóxicas revela los turbios manejos en las sombras del poder político de los principales sectores económicos. Algunos capítulos de Traficantes de salud también.

En este blog hemos publicado sobre el tema, entre otras informaciones:

Editores que hacen lobby para la industria automovilística

La democracia secuestrada por los intereses privados

Bruselas crea una Agencia para el lobby de las “telecos”

Aprobado un registro de lobbies en la Unión Europea

Cambia la cúpula de Asebio, el lobby genetista en el gobierno

Los lobbies empresariales a debate en el Parlamento Europeo

¿Qué le ocurre a la democracia?

Carpe diem: 100% Totalitarismo Global Corporativo

El beneficio de crear enfermedades y ofertar los tratamientos

En ocasiones me han preguntado por las relaciones de la industria que produce sustancias químicas tóxicas y la farmacéutica. Esa relación viene de lejos incluso de antes de la denominada Revolución Verde. Con la promesa de acabar con el hambre en el mundo llevamos más de sesenta años practicando una agricultura industrializada a base de ingentes cantidades de insumos químicos tóxicos que enferman la tierra, el agua y a los seres vivos[1]. ¿Los grandes beneficiados? Monsanto, DuPont, Bayer, Syngenta, Novartis, Aventis y mcuhas más empresas. Los mismos, por cierto, que ahora impulsan la biotecnología para vender alimentos transgénicos con la misma excusa del hambre. Bayer, Novartis y Aventis también están entre las multinacionales farmacéuticas que más facturan por sus medicamentos. Monsanto llegó a ser propietaria de la empresa Pharmacia, que luego adquirió el laboratorio Pfizer. Viene esto a colación de la presentación de un libro S.Q.M. El riesgo tóxico diario. La Sensibilidad Química Múltiple y otras enfermedades que la química produce en cientos de miles de españoles. Está escrito por mi buen amigo y compañero de fatigas en la investigación de temas medioambientales Carlos de Prada y lo publica la Fundación Alborada.

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El texto de Carlos es el primer monográfico sobre el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple que se publica en castellano. De Prada, como hago yo  también, asocia la SQM a la fibromialgia (FM) y al Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), y a las tres con los químicos tóxicos. Es un libro muy documentado y en el estilo riguroso que gasta Carlos. El autor nos presenta en carne viva a personas que sufren SQM, generalmente acompañada de FM y/o SFC. Explica muy bien todo el proceso de la enfermedad, cuenta con las voces de los profesionales más destacados en el tema e insiste en que estas enfermedades no son psicológicas sino orgánicas o físicas. En fin, un texto indispensable para quienes padezcan o tengan la sospecha de que sus síntomas pueden ser los de la SQM o alguna de las otras dolencias relacionadas con esta.

Pero lo más importante es que Carlos de Prada explica, con razón, que estas personas son la voz de alarma sobre un problema de enormes consecuencias: utilizamos tal cantidad de productos químicos en nuestra vida cotidiana que el planeta Tierra ya no es capaz de absorverlos y las personas tampoco, por ello muchos de nuestros convecinos muestran desde hace unos años signos, trastornos de su salud, que advierten a los demás sobre lo que puede ocurrirles. Toda la ciudadanía debería preocuparse por la existencia de estas enfermedades denominadas ambientales.

Volviendo a la relación de la industria química con la farmacéutica, que es de lo que quería escribirles, indica De Prada que ambas “no son, con frecuencia, más que una y la misma cosa”. Continúa:

Es un hecho que algunas de las principales multinacionales que fabrican fármacos son también los principales fabricantes de venenos como los pesticidas que, además de otros muchos problemas sanitarios, ‘son los químicos más implicados en causar la SQM y en disparar sus síntomas ‘, como dice McCampbell [la doctora Ann McCambell, del MCS (SQM) Task Force os New Mexico]. Y pasa a citar ejemplos concretos, como el de la multinacional Novartis (antes Ciba-Geigy y Sandoz) fabricante del herbicida atracina y cuyo grupo de presión habría ‘enviado información en 1996 al comité legislativo de Nuevo Méjico oponiéndose a toda legislación relacionada con la SQM y declarando que los síntomas de las personas con SQM no tenían un origen físico’. Pero no sólo Novartis, fabricante de otros pesticidas conflictivos como el insecticida organofosforado diazinon, es citada por la autora del artículo.

También cita la farmacéutica El¡ Lilly y sus vínculos con Dow Elanco (hoy Dow Agroscience) fabricante del pesticida organofosforado clorpirifos. Aventis (antes Hoeschst y Rhone-Poulenc) y el insecticida carbamato Sevin. Monsanto, fabricante del Roundup y otros herbicidas. Zeneca, que, como tantas otras veces acontece, no sólo fabrica fármacos (AstraZeneca), contra dolencias como el cáncer de mama o de próstata, sino pesticidas que, en algunos casos, comenta McCampbell, han sido asociados al origen o exacerbación de algunas de las dolencias tratadas. Y la lista prosigue con Pfizer y Abbot Laboratorios, Basf, Bayer,… que aúnan la fabricación de fármacos y pesticidas. Novartis, Ciba, Dow, Elli Lilly, BASF, Aventis, Bayer,… y otras empresas (Dupont, Merck, Roche, Procter & Gamble, … ) serían miembros del American Chemical Council, del que antes hablábamos [un lobby de la industria química]”.

Queda clara pues dicha relación y como expresa Carlos:

No hace falta ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que las repercusiones posibles de lo que aquí estamos diciendo pueden ir mucho más allá de lo que se denuncia sobre la SQM y extenderse, en general, a muchas otras enfermedades que una creciente literatura científica está asociando a determinadas sustancias químicas. Los efectos sanitarios de la situación denunciada serían así, simplemente, devastadores. Prosigue el periodista citando de nuevo a McCampbell según la cual la industria farmacéutica estaría ‘extendiendo desinformación sobre la SQM y limitando la cantidad de información correcta recibida por los médicos y otros profesionales sanitarios a través de su influencia financiera en las revistas médicas, las conferencias y la investigación’, así como a través de su influencia en entidades como la Asociación Médica Americana.

Por todo ello, me parece especialmente importante divulgar informaciones sobre la Sensibilidad Química Múltiple porque nos ofrece la verdadera dimensión de la polución que nos rodea, de la equivocación que supone nuestro estilo de vida y porque es unan enfermedad que seguirá pasando desapercibida debido precisamente a que como estas personas no soportan los productos químicos tóxicos ningún fármaco puede “curarlas” por lo que no son interesantes para las farmacéuticas.

Queda claro que además esta industria es hermana de la química luego existe un interés comercial estratégico en ocultar las enfermedades ambientales. No olvidemos que gracias  a las personas que sufren SQM podemos saber cuales son la fuentes de contaminación química que nos enferman y cuales las enfermedades relacionadas con los tóxicos. Es urgente aplicar medidas para evitar esta polución. La existencia de personas con hipersensibilidad química evidencia la paradoja de que quienes venden los productos químicos tóxicos que enferman a la ciudadanía son en muchos casos los mismos que quienes venden los medicamentos para tratar las enfermedades provocadas.

 

 

[1] Vicente Boix, El parque de las hamacas: El químico que golpeó a los pobres, Icaria, 2007.

Las enfermedades químicas y los guardianes de la vida

Hoy 12 de mayo es el Día Internacional de la fibromialgia (FM), del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y de la Sensibilidad Química Múltiple (SQM). No soy muy amigo de los días de… pero creo que estas enfermedades, llamadas con razón ambientales, merecen algunas reflexiones. Para empezar porque pese a que han pasado casi 20 años desde que se establecieron los criterios diagnósticos de la fibromialgia y el SFC, no ha ocurrido lo mismo con la Sensibilidad Química Múltiple, que ni siquiera es reconocida como enfermedad común por la Seguridad Social. ¿Quizá porque es una de las patologías que con más claridad está relacionada con los “efectos adversos” de una gran industria, como es la química?

Para continuar, porque pese a que todavía afectan a un porcentaje minoritario de la población, los datos que suelen manejarse son de un nada desdeñable 5%, en realidad estas personas que han generado una hipersensibilidad a los químicos tóxicos, sobre todo las afectadas por la SQM, claro, nos anuncian con su experiencia lo que puede ocurrir en breve al resto de la población si no se toman medidas ya.

Se dispone de nuevos conocimientos, pruebas y evidencias científicas que han dejado sobradamente demostrado el origen orgánico de la fibromialgia, el SFC y la SQM. Sin embargo, muchos pacientes siguen siendo tratados como enfermos de males psicológicos y se debe acabar con este estigma, impulsado por los lobbies del negocio químico tóxico para desviar la atención del asunto.

Uno de los principales problemas que encuentran los enfermos de estas patologías emergentes y silenciadas, que no “raras”, es que cada una de ellas recibe un tratamiento diferente desde una especialidad distinta y en ocasiones se producen incompatibilidades. Un enfermo de Sensibilidad Química Múltiple presenta generalmente intolerancia farmacológica, por lo que tratarle de FM y de SFC es aún más dificultoso. Existe una gran superposición de trastornos entre los afectados de las tres enfermedades. En la mayor parte de los casos quien padece SQM también tiene fibromialgia y/o SFC. Son ramas de un mismo árbol, el de la contaminación ambiental con productos químicos nocivos y sus repercusiones en la salud humana. Como suele ocurrir con las enfermedades ambientales existe sinergia entre todas. Volviendo al asunto de la utilización de fármacos en estas patologías. Con los enfermos de SQM el fracaso está asegurado pues no toleran los productos químicos y los medicamentos lo son. Pero además, hace una semanas hemos conocido que el fármaco Lyrica (pregabalina, de Pfizer) que tanto está recetándose en España para la fibromialgia y el SFC, no ha recibido el permiso de la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA). Como apunta el médico Vicente Baos en su blog, El Supositorio:

Con unos estudios que no han demostrado un efecto relevante a corto o largo plazo, se pretendía conseguir la autorización para publicitar y autorizar la indicación de pregabalina en la fibromialgia. La EMEA considera que el beneficio/riesgo no está demostrado y, además, no se está realizando ningún ensayo clínico en esta indicación en la Unión Europea”.

 

Debe comenzar a corregirse la situación de indefensión en la que se encuentra este colectivo, auténtico faro guía de la calidad ambiental de la sociedad o mejor escrito de la falta de la misma. Algunos puntos sobre los que trabajar, elaborados por las asociaciones de enfermos de los tres trastornos, son:

-Que los profesionales de la salud en ejercicio actualicen sus conocimientos respecto a estas enfermedades emergentes

-Que se formalice la especialidad médica de medicina ambiental y técnicos sanitarios en salud y medioambiente.

-Que se creen unidades multidisciplinares en cada una de las comunidades autónomas formadas por especialistas en medicina interna, inmunología, medicina ambiental, reumatología y cualquier otra especialidad necesaria para el tratamiento de estas tres patologías en lugares adaptados para estos pacientes.

-Que se realicen sistemáticamente a todos los pacientes de FM, diagnósticos diferenciados de SFC y SQM, debido a la alta prevalencia de casos que se están dando donde coinciden las tres patologías en un mismo paciente, aún después de muchos años del diagnóstico inicial de FM. Realizar estudios epidemiológicos actualizados sobre estas tres patologías teniendo en cuenta la incidencia de solapamiento de cualquiera de ellas. 

-Que se concedan cuantas bajas laborales sean necesarias para permitir la reinserción laboral del paciente. Se concedan adaptaciones a puestos de trabajos para que estos pacientes puedan desarrollar una vida laboral digna. Y se den cuantas invalideces sean necesarias cuando el paciente ya no tenga capacidad para desarrollar una vida laboral, sin necesidad de acudir a los tribunales de Justicia.

-Que se realicen las reformas jurídicas pertinentes para reconocer tanto desde la invalidez, como desde la minusvalía, como desde la dependencia la FM, el SFC, y el SQM. Entre otras muchas ideas.

Síndrome Químico Múltiple, Síndrome de Fatiga Crónica o fibromialgia son enfermedades que pueden afectar a cualquier persona. La mayoría de los ciudadanos de los países occidentales estamos expuestos a ellas porque vivimos en un medio ambiente para el que se queda corto el concepto de nocivo. “Más del 15% de la población general presenta mecanismos de respuesta excesiva frente a algunos estímulos ambientales, cuya base fisiopatológica radica en la sensibilización a estímulos repetidos y en la pérdida de tolerancia a la respuesta biológica ante estos. En un 5% de sujetos, estos procesos de sensibilización son claramente patológicos y superan la capacidad adaptativa del organismo, y generan manifestaciones locales o sistémicas, frecuentemente crónicas y persistentes. El tipo de estímulos desencadenantes es diverso, pero predominan los agentes químicos y las radiaciones ambientales”, según dos de los mayores expertos de nuestro país en estas nuevas patologías ambientales, los doctores Fernandez-Solà y Nogué [1].

Los primeros en notarlo son las personas con cierta sensibilidad  a los químicos tóxicos en pequeñas dosis. Son los guardianes de la vida, faros humanos que alertan a una Humanidad mecida por la deriva del culto al bienestar que se aleja de tierra firme, que se adentra en mundos desconocidos gobernados por los abismos del malestar. Pero ellas son sólo la punta de un iceberg que va a continuar surgiendo de las profundidades de lo insondable para mostrar la completa inmensidad de su tamaño durante los próximos lustros. 

Más info: Sobre Pfizer y medicamentos Traficantes de salud. Sobre el lobby de los químicos tóxicos Conspiraciones tóxicas.

[1] J. Fernandez-Solà y S. Nogué Xarau, Sensibilidad química y ambiental múltiple, Jano, 14-20 de septiembre de 2007.


Gripe porcina: Pandemia de descrédito para la industria farmacéutica

La gripe porcina está dejando entrever los muchos intereses que se desatan en una crisis de este tipo. Quizá lo que más me llama la atención, porque no lo había notado con tanta fuerza hasta la fecha (aunque quizá sea porque ahora trabajo a fondo estos temas, deformación profesional manda) es el aumento de la mala imagen de la industria farmacéutica. Conste que no me alegro -respeto a los muchos trabajadores honrados que hay en la misma-, en todo caso me da pena. Las conversaciones en la calle, los correos e informaciones que con endiablada velocidad navegan en las procelosas aguas de internet, las llamadas que uno recibe de periodistas para hablar del tema, etc. Pienso que cuando eso que llaman la opinión pública o al menos buena parte de ella suena es que agua lleva. Está claro que alguien no está haciendo los deberes. Es cierto, que es el sector que obtendrá mayor beneficio económico de esta crisis sanitaria global. Pero durante los últimos lustros se han acumulado, en parte de manera inducida y en parte por la coyuntura de este tipo de sucesos, varias enormes crisis que a la par que endiosaban a las farmacétuicas en el olimpo económico del capitalismo global las hundían en el listado de percepción pública. La ciudadanía ha visto muchas cosas sucias y no está por la labor de creerse todo lo que le cuentan a pié juntillas.

El mencionado es uno de los sectores peor valorados por la sociedad -sus responsables lo reconocen abiertamente- que se mantiene entre los que mayores beneficios económicos  obtienen porque cuando uno enferma se agarra a lo que tiene más cerca -en ocasiones aunque no funcione, y no digo que este sea el caso, ni mucho menos- y en estar siempre atentos a que sus fármacos sean los primeros en ofrecerse son especialistas.

Los antecedentes de campañas de marketing del miedo, como esta de la gripe porcina, no engañan. Durante las semanas posteriores a los atentados del 11-S de 2001, por todo el mundo se extendió el temor ante la posibilidad de nuevas agresiones que esta vez tendrían como protagonista a la bacteria del ántrax, conocida arma biológica, por cierto. La muerte de tres personas durante el mes de octubre ayudó a alimentar el terror global. En un momento crítico para la humanidad, los ejecutivos del laboratorio Bayer volvieron a frotarse las manos. La multinacional germana poseía en esos días la patente del antibiótico Ciprobay, el más efectivo contra el ántrax. El Gobierno de EE UU necesitaba 1.200 millones de pastillas pero Bayer sólo podía fabricar 60 millones cada mes. Ante las prisas de las distintas administraciones, el Gobierno de Canadá y el Partido Demócrata estadounidense propusieron obviar la patente de Bayer y encargar a otros laboratorios que produjeran un genérico de Ciprobay. Bayer amenazó con demandar al Ejecutivo canadiense y en este particular tira y afloja tuvo que rebajar el precio de la caja de Ciprobay de 330 euros las 60 dosis a 90 euros.

La conclusión, en 2003, de la patente de Ciprobay mantenía alerta a varias compañías farmacéuticas deseosas de colocar en el mercado un producto similar. Bayer también estaba en guardia. En 1997 la empresa Barr Laboratories, una de las fabricantes de genéricos más importantes en EE UU, estaba lista para sacar al mercado su versión de Ciprobay. Cuando Bayer conoció las intenciones de Barr, inició un juicio para impedir el permiso del genérico. Entre trámites y el proceso legal iban a transcurrir 30 meses antes de que el genérico estuviera en las farmacias… y 30 meses significaban mucho dinero. Así que, en lugar de permitir que otra empresa fabricara el medicamento, Bayer llegó a un acuerdo con Barr: pagarle 30 millones de dólares cada año, desde 1997 hasta 2003, cuando expira la patente de Ciprobay, o antes si un juez resolvía la controversia.

En este asunto observamos el doble rasero con que se trata a los ciudadanos, dependiendo del suelo que pisen. En esas mismas fechas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que 17.000.000 de personas mueren al año por no poder pagar fármacos fundamentales que son corrientes en los países ricos. En plena resaca del 11-S, en EE UU y Canadá se planteó la posibilidad de obviar la patente de Ciprobay para poder acceder rápido a las dosis necesarias. Paradójicamente, los países industrializados presionan a través de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para perpetuar las patentes de preparados esenciales en los pueblos pobres.

Todo este negocio del miedo tiene mucho que ver con los intereses de los fabricantes de fármacos (con la industrialización de la producción alimentaria también, claro). No se producen remedios para enfermedades perfectamente conocidas que matan a miles de personas en los países pobres pero, sin embargo, dos años después del Caso Ántrax se extendió por todo el globo terráqueo el peligro de pandemia global de gripe aviar para vender remedios ad hoc. Al virus de dicha gripe se le achaca la muerte de alrededor de 100 personas en todo el mundo. Todos conocemos el despliegue de medios y la publicidad que se le ha dado en la prensa a dicha dolencia y, en concreto, a Tamiflu, el fármaco de Roche que se supone que puede aliviar sus consecuencias. En un extenso reportaje, el periodista de Discovery DSalud, Antonio Muro, explicaba quiénes se encontraban detrás de la interesada promoción de dicho preparado: el Gobierno de EE UU, y sus principales valedores, Donald Rumsfeld, Dick Cheney y otros altos cargos de diferentes gabinetes presidenciales. Según Muro, Bush se había encargado de expandir el miedo acompañado de su secretaria de Estado, Condolezza Rice, e incluso del director general de la OMS; Rumsfeld fue el máximo responsable de Gilead Sciencies —la original propietaria de Tamiflu— hasta ser nombrado por Bush secretario de Defensa, y es uno de los máximos accionistas de la compañía, al tiempo que las acciones de Gilead pasaron de valer siete dólares a 60. En el mismo gabinete estaba Cheney, que en tiempos fue subordinado de Rumsfeld.

Tamiflu es uno de los dos medicamentos que está promocionando la OMS para la actual gripe porcina o influenza (el otro es Relenza, del laboratorio GlaxoSmithKline). De aquellos polvos estos lodos. El nuevo virus detectado está haciendo mucho daño sobre todo en un país como México, donde hay numerosas personas fallecidas. No deja de ser triste que los comentarios mayoritarios giren no entorno al drama de las familias de estas personas sino a cuestiones de índole económico. Quizá sea porque nos estamos acostumbrando a la muerte o quizá porque no nos acostumbramos a que lo económico sea el centro de la sociedad. Esperemos que triunfe lo segundo.

Más info: Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad.

La era del éxito del control social

Esta es la novena entrega de la colección de artículos que el profesor Máximo Sandín ha titulado Darwin, las ideas dominantes y los que dominan.

Como saben, este año se conmemora el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, autor de la polémica teoría de la evolución. Por ello estoy publicando unos artículos que Sandín, profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, me ha enviado. Espero que les gusten y que contribuyan la debate.

-Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.


Las cifras son astronómicas. El dinero requisado a los ciudadanos que se está empleando para “salvar a la banca” y “sanear empresas” podría haber acabado con el hambre en el Mundo no se sabe cuantas veces. Pero es la lógica “del mercado”. Si semejante latrocinio no ha provocado una rebelión popular en los llamados “países civilizados”, se podría decir, sin ánimo de dramatizar, que lo han conseguido. Han conseguido domesticar, controlar nuestras mentes. Y con sólo unas pocas frases hipnopédicas:

Siempre ha habido mercados… La libertad de mercado es el instrumento que mejor colabora a la libertad personal… Es la libertad de elegir mercancías de modo que las transacciones sean moralmente voluntarias y también que exista información perfecta y otras condiciones que garanticen la competencia perfecta

El precio de los bienes o servicios es acordado por el consentimiento mutuo de los vendedores y de los compradores mediante las leyes de la oferta y la demanda

Sólo hay un pequeño problema que enturbia la perfección del funcionamiento de esta “leyes”. Que no hay para todos:

El hombre, si no puede lograr que los padres o parientes a quienes corresponde lo mantengan, y si la sociedad no quiere su trabajo, no tiene derecho alguno ni a la menor ración de alimentos, no tiene por qué estar donde está, en ese espléndido banquete no le han puesto cubierto. La naturaleza le ordena que se vaya y no tardará en ejecutar su propia orden, si ese hombre no logra compasión de alguno de los invitados. Si estos se levantan y le dejan sitio, acudirán enseguida otros intrusos pidiendo el mismo favor y se perturbará así el orden, la armonía de la fiesta y la abundancia que antes reinaba, se convertirá en escasez”. (Tomas Malthus “Ensayo sobre el principio de población”, 1789).


Porque en “el espléndido banquete” sólo hay sitio para los que lo organizan. Quedan, como mucho, los restos para sus lacayos. Pero no existe la menor posibilidad de pensar en una alternativa algo más generosa, capaz de transformar el espléndido banquete para unos pocos en comida suficiente para todos. Se trata de una ley de la Naturaleza. Más aún, como dijo John Rockefeller  “la supervivencia del más apto /…/ es simplemente la combinación de una ley de la Naturaleza con una ley de Dios”.

Cuando el imperio económico llega a tal magnitud  y, además, se está convencido de tener de su lado semejantes poderes, resulta inquietante imaginar hasta donde se puede pretender  llegar. Por eso, resulta tan alarmante que los mismos que financian a las empresas implicadas en la supuesta “ingeniería genética”, los que financiaron e impulsaron la ambientalmente y socialmente tan catastrófica y económicamente tan rentable “revolución verde” y ahora las poderosas y tóxicas empresas de alimentos transgénicos, sean los que están creando el banco de semillas de Svalbard.La cámara del día del juicio final”.

Valid for the whole of Svalbard 4557.1

No quisiera alarmar sin fundamento a mi suspicaz lector, pero se me ocurre una pregunta: ¿Donde nos quieren llevar? Y supongo que es posible que a él se le ocurra otra: ¿Hay algo que ellos sepan que nosotros no sepamos?