Frankensalada: presión corporativa de la basura-comida en Europa

Esta semana se ha producido en la Comisión Europea, el órgano de gobierno central de Europa, una votación muy importante para el futuro de los alimentos transgénicos en el continente. Estaba en juego si se aprobaba el cultivo de dos nuevos tipos de maíz que llevan insertado un pesticida, como los que ya se cultivan en España. Pueden parecer anecdóticas estas decisiones y debates pero la industria biotecnológica (la que fabrica estas semillas y cultivos de laboratorio destinados a nuestra alimentación) va “colando” en los supermercados poquito a poco estos productos tan cuestionados.
 La Comisión también decidía sobre si cultivar en Europa una patata transgénica (que en este caso contiene genes de resistencia a antibióticos). La Comisión Europea, a iniciativa del presidente Barroso, está forzando el debate presionado por los potentes lobbies -o grupos de presión industrial- de la biotecnología. Políticos (muchos políticos europeos apuestan por la basura comida en la Unión Europea), de la mano de ciertas empresas, desean encarar la definitiva aprobación de cultivos y alimentos transgénicos en la UE.
 
Por ahora, esta Frankensalada tendrá que esperar: tanto los maíces como la patata de laboratorio “se han mandado de vuelta a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) lo que nosotros interpretamos como una desautorización a esta Agencia”, indican los portavoces de Amigos de la Tierra, organización que ha elaborado un excelente informe sobre la presión que las compañías pro alimentos transgénicos están llevando a cabo sobre los políticos europeos para que impulsen la alimentación de laboratorio.

Conviene explicar que la institución europea encargada de velar por la calidad y seguridad de lo que nos llevamos a la boca los ciudadanos, según las normas de funcionamiento de la Administración europea, a la hora de autorizar un cultivo o un alimento se limita a revisar los informes de la compañía interesada en comercializarlo. No realiza análisis independientes. Así se explica que la EFSA, a petición de la Comisión, y gracias a que el actual Comisario de Medio ambiente europeo no parece estar por la labor de impulsar la alimentación trasngénica, haya recibido de nuevo los informes sobre estas variedades de laboratorio para su revisión (que volverá a no ser independiente).

Este funcionamiento -legal, repito- de la EFSA es idéntico al de la EMEA, la Agencia Europea de Medicamentos, que tampoco realiza estudios independientes cuando una farmacéutica solicita licencia para comercializar un fármaco en Europa. La EFSA, además está conformada sobre todo por biólogos moleculares. Haría falta otros especialistas para juzgar otros aspectos del cultivo y comercialización de alimentos transgénicos, como los ecólogos. Amigos de la Tierra advierte que muchos empleados de la EFSA tienen conflictos de interés con las compañías biotecnológicas. ¿Quién está gobernando Europa?

En este documento se denuncia la proximidad entre el órgano ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y el lobby biotecnológico, capitaneado por EuropaBio. Desayunos “de trabajo”, encuentros o jornadas de la industria cuentan con altos cargos de la Comisión. La presencia de la industria en órganos asesores clave y el acceso privilegiado a la información señalan también la preocupante cercanía entre los grupos de presión de la industria y la Comisión.

El resultado: un marco político favorable, intentos de rebajar los controles sobre los cultivos y alimentos transgénicos, apuesta firme de la UE por la comida biotecnológica y millones de euros de fondos públicos dedicados a financiar las investigaciones de la industria.

EuropaBio es uno de los principales grupos de presión sobre alimentos y cultivos con organismos modificados genéticamente en la UE, y presume de su trato directo con miembros de la Comisión Europea. Las campañas de este lobby de la agricultura biotecnológica están lideradas por las empresas Bayer Cropscience, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta.

EuropaBio también ha presionado a políticos europeos para conseguir que la biotecnología aplicada a la agricultura se haya convertido en un tema estrella en el programa de investigación de la UE con una inversión de 53 mil millones de euros provenientes de las arcas públicas.

La Comisión Europea promueve estas conexiones entre lo público y lo privado a través de plataformas tecnológicas específicas sobre alimentación y cultivos transgénicos, y sobre biocombustibles y productos alimentarios, en plena crisis mundial de subida de precios de los alimentos básicos (entre otras razones por los cultivos para biocarburantes).

Se trata de la trasvase de dinero público hacia intereses económicos privados. EuropaBio es, en sus propias palabras, “la voz de la industria biotecnológica en Europa”. Hoy aún más poderosa con el dinero de los ciudadanos europeos.

Los lobbies empresariales a debate en el Parlamento Europeo

Como os hemos contado en las últimas semanas, nos vamos a Bruselas, al Parlamento Europeo, invitados por el grupo parlamentario Los Verdes/Alianza Libre Europea. Los periodistas de investigación Rafael Carrasco, Joaquín Vidal y Miguel Jara, estaremos tres días haciendo presentaciones de los libros Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas y participando en el seminario Lobbies en Europa. El próximo día 15 de abril, entre las 9 y las 10 horas, en el Restaurante de Diputados de la Eurocámara con sede en Bruselas, hablaremos sobre cómo actúan los grupos de presión industriales o lobbies de los sectores más representativos: industria farmacéutica, energía nuclear, transgénicos, químicos tóxicos, telefonía móvil y contaminación electromagnética o contructora e inmobiliaria.
 El acto, que será presentado por el eurodiputado verde español David Hammerstein, coincide con el dictamen que la Eurocámara está haciendo a la Iniciativa por la Transparencia en Europa, la primera reglamentación sobre el papel de los lobbies empresariales en la política continental y que ha sido elaborada por el vicepresidente de la Comisión Europea, el estonio Siim Kallas.
 
Tras varios retrasos e innumerables presiones por parte de las asociaciones de lobbistas, el Parlamento Europeo deberá votar el informe Stubb sobre la Iniciativa Kallas, el próximo 8 de mayo, en sesión plenaria. Será la primera vez que el Parlamento Europeo dedique una sesión plenaria de esta institución y la primera vez que el controvertido papel de los lobbistas corporativos ocupe la agenda de las instituciones comunitarias.
 El propio Parlamento Europeo creó a finales de los años 90, un registro de lobbistas acreditados ante el Parlamento mediante una tarjeta de acceso total, incluidos plenos y comisiones, a sus dependencias. Según los datos del Parlamento, actualmente, son 4.435 los lobbistas oficialmente registrados en la Eurocámara, lo que, con un aforo de 732 escaños, da una proporción de ¡seis lobbistas por diputado!
 
Según estimaciones oficiosas comúnmente aceptadas, sólo en Bruselas, la capital de la Unión Europea, operan unos 2.000 lobbies que dan empleo a entre 15.000 y 20.000 “cabilderos”, repartidas por los departamentos de “asuntos regulatorios” de las empresas multinacionales, las asociaciones empresariales, ONG’s, agencias de relaciones públicas, consultoras de “asuntos públicos”, bufetes legales e institutos de ideas o think tanks.
 
Según el Observatorio de la Europa de las Corporaciones (CEO), una fundación anti-lobbies con sede en Amsterdam (Holanda), unas 200 multinacionales han abierto oficina en las cercanías de la Comisión Europea o de la Eurocámara para tratar con ellas asuntos de su incumbencia.
 
Ninguna gran empresa que se precie de vender sus productos en los mercados internacionales carece hoy de representación en Bruselas. Esta misma asociación estima que el gasto del lobbismo empresarial en la capital belga excede los 1.000 millones de euros al año, una cifra realmente mareante pero que no ha de extrañar demasiado si tenemos en cuenta que para la petrolera BP o la tabaquera Philip Morris, el alquiler de sus oficinas en la Plaza de Schuman (la misma plaza donde se ubica la Comisión Europea) les cuesta cada año la módica cifra de 300 euros por metro cuadrado.
 Por estos motivos, la Comisión Europea ha lanzado su Iniciativa por la Transparencia Europea, que, entre otras medidas, propone limitar las actividades de estos profesionales a sueldo de las corporaciones ante las instituciones políticas, un registro voluntario de lobbies y lobbistas e incentivos para hacer públicas sus actividades, naturaleza y financiación.
La propuesta, elaborada por el comisario europeo para Asuntos Administrativos, Siim Kallas, ha sido rechazada tajantemente por las asociaciones de lobbistas pero, aún así, está prevista su aprobación esta próxima primavera.
 
Tanto Conspiraciones tóxicas como Traficantes de salud son los primeros documentos en formato libro que ahondan en esas conexiones de las políticas que afectan al medio ambiente y la salud de las personas y la presión que ejercen los sectores económicos más poderosos. Están sirviendo además para avivar el debate sobre el papel de los lobbies o grupos de presión en las políticas del Gobierno español, de varias comunidades autónomas y de las instituciones de la UE que afectan al medio ambiente y la salud de los ciudadanos.
 Tras la presentación de los libros, Miguel Jara se incorporará al seminario:
WHAT EVER HAPPENED TO DEMOCRACY?
CORPORATE INFLUENCE ON EU POLICIES
A seminar on lobbying in Europe
 
En él ofrecerá una conferencia entre 10.00-10.20h sobre cómo actúan los lobbies farmacéutico, de la contaminación electromagnética, cerámico, de la energía atómica o petroquímico.
En efecto, este seminario tiene el acierto de cuestionar si vivimos en una democracia cuando buena parte de las decisiones que toman los políticos europeos y que afectan a los ciudadanos están decididas por las grandes compañías y sectores económicos.
 
Más info sobre los libros:
Laura Fernández (Conspiraciones tóxicas) 914230328
Mónica Bertrán (Traficantes de salud) 933011723

Sobornos a médicos: No Gracias

Después pasar unos días por tierras barcelonesas dando a conocer los libros (Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas) paso a ofreceros algunos matices sobre la presentación en Madrid, el pasado miércoles 26 de marzo, de la Plataforma No Gracias, a la que asistí.
 En primer lugar destacar la enorme cantidad de firmas de profesionales sanitarios que está recogiendo No Gracias (para ver y/o firmar el manifiesto). Está claro que hay ganas de cambios importantes en el sistema sanitario en busca de la ética, en gran parte perdida en beneficio de los intereses privados minoritarios.
 
Durante la presentación de No Gracias, Joan-Ramón Laporte, Catedrático de Farmacología, explicó que hoy existen intereses divergentes entre los pacientes y la industria farmacéutica. Uno de los caballos de batalla de esta Plataforma es acabar con el soborno o cohecho sobre médicos y personal sanitario por parte de muchos laboratorios y empresas del sector.
 
También con la financiación privada de la formación de los galenos, esta debería de ser pública, dependiente de la Administración, piden desde No Gracias. No será fácil, pues como se comentó en la conferencia, en la última reforma de la Ley del Medicamento, realizada hace casi dos años, se intentó que incluyera la regulación de la visita médica pero casi todos los grupos políticos rechazaron la medida.
 
Esto plantea de nuevo la siguiente cuestión: ¿quién financia las campañas de esos partidos políticos? No lo sabremos, al menos hasta que tengamos una ley similar a la de Libertad de Información que poseen en Estados Unidos, que obliga a los partidos a declarar de qué empresas proviene la financiación de sus campañas y cuánto dinero reciben (lo cierto es que de nada sirve pues como demuestro en Traficantes de salud el lobby farmacéutico controla el Gobierno USA mediante la financiación de campañas electorales).
 
España, según los presentes en la cita de No Gracias, es el país que posee más medicamentos con menos de cinco años de comercialización. Esto genera un aumento del gasto público en fármacos, al ser estos de marca, y un crecimiento de los daños y muertes por efectos adversos provocados por los preparados, al estar menos comprobados sus posibles daños.
 
Juan Gervás, un médico de la Sierra madrileña, hizo un ejercicio público de reconocimiento de sus conflictos de interés con la industria al mostrar varios eventos que en parte le financian ciertos laboratorios. Puso esto como ejemplo de que es tarea casi imposible ser hoy al 100% médico e independiente de los laboratorios.
 
Revelar voluntariamente los conflictos de interés es uno de los pasos a dar en busca de la ética perdida. Muy bien acogida es la idea que tienen estos profesionales de colocar en las puertas de sus consultas pegatinas que adviertan de que ellos no reciben visitadores médicos.
 

Gervás denunció también el enorme tráfico de influencias que existe en el sistema sanitario, en el que con frecuencia altos administrativos pasan a las filas de las empresas privadas. Gervás es una rara avis en el panorama sanitario: no recibe visitadores médicos. La mayor parte de los profesionales sanitarios a los que acuden estos vendedores de los laboratorios sí lo hacen, y lo ven como algo natural. Desde No Gracias abogan por eliminar la visita para evitar el tarugueo o compra de voluntades con regalos, atenciones o dinero (Ver los videos de Informativos Tele5).

Carmen Ortiz, presidenta de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, promotora de No Gracias, explicó que no existe ánimo de confrontación con otros profesionales sanitarios sino que intentan animarlos a reconducirse hacia las buenas prácticas.Estas y otras muchas cuestiones se debatieron en la presentación de No Gracias. Seguiremos informando. De momento, la organización no para de recibir adhesiones, la penúltima de la Asociación de Médicos Progresista de la Comunitat Valenciana.

¿Qué le ocurre a la democracia?

Cada vez encuentro más personas que sienten que existe una guerra no declarada entre los intereses de numerosas empresas y los de la ciudadanía. No sé cómo (supongo que porque desde que era niño me sentí fascinado por esa función de control del poder que tiene o debe de tener el periodismo) con el tiempo me he ido especializando en la investigación del enorme beneficio económico que están consiguiendo ciertas minorías sin ética a costa de la salud de todas las personas y de la naturaleza.

Ese espíritu lo plasmaré en la conferencia Empresas contra ciudadanos: La repercusión en nuestra salud de los intereses económicos, que la asociación de afectados por productos químicos tóxicos Adquira me ha invitado a dar en Barcelona el próximo día 1 de abril, a las 19:00 horas en el Centro de Investigaciones (C/Hospital, 64).

Aprovecharemos para presentar los dos libros en los que, por el momento, he vertido las informaciones recabadas durante los últimos años: Traficantes de salud. Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad (Icaria Editorial, 2007), y Conspiraciones tóxicas. Cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales (Martínez Roca, 2007).

El día antes, 31 de marzo a las 19:00 horas, estaré en el Espai Icaria (Arc de Sant Cristòfol 11-23) de Barcelona, donde presentaré Traficantes de salud. El sábado 5 de abril, a las 19:00 horas, esta vez en Madrid, de nuevo presentaré los libros Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas en Ecocentro: C/ Esquilache 2, 4 y 6 (Junto Avda. Pablo Iglesias, 2).

Para finalizar esta quincena intensa volaré junto con los otros dos “conspiradores tóxicos” (Rafael Carrasco y Joaquín Vidal, mis compañeros de autoría de Conspiraciones tóxicas) a Bruselas. Allí, en el Parlamento Europeo, centro de actividad de los lobbies industriales cuyas prácticas desgranamos en estos trabajos (industria farmacéutica en Traficantes, y sectores como el de la telefonía móvil, energía nuclear, alimentos transgénicos, construcción o productos químicos tóxicos en Conspiraciones), habrá un par de intervenciones públicas. La primera será el día 15 de abril, un seminario de una jornada sobre lobbismo y grupos de presión al que me ha invitado el Grupo de Los Verdes, con el sugerente título:
WHAT EVER HAPPENED TO DEMOCRACY?
CORPORATE INFLUENCE ON EU POLICIES
A seminar of lobbying in Europe (algo así como “¿Qué le ocurre a la democracia? La influencia de las multinacionales en las políticas de la Unión Europea”).

Al día siguiente, el 16 de abril, la segunda; Carrasco, Jara y Vidal presentaremos a los eurodiputados, periodistas y personal interesado nuestro Conspiraciones tóxicas. Aprovecharemos la visita a Bruselas para reclamar el Parlamento como ágora ciudadana. Los términos de estos dos actos están todavía por concretar, en cuanto los tenga os los mando.

Los profesionales sanitarios apuestan por la ética con la Plataforma No Gracias

Lo veníamos contando desde antes de la navidad y por fin se presenta “oficialmente”. Sí, el próximo miércoles 26 de marzo, a las 12:00 horas, la Asociación de Amigos de la UNESCO (Plaza Tirso de Molina nº 8. 1º. Madrid) acogerá la presentación pública de la Plataforma No Gracias. Esta es una iniciativa nueva en nuestro país y muy necesaria pues se trata de la decisión que han tomado innumerables profesionales de la salud de apostar por la recuperación ética del sistema sanitario.
Esta plataforma se constituye por iniciativa de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) y está integrada en el movimiento internacional Nofreelunch y sus filiales de Estados Unidos, Reino Unido o la No Gracie, Pago Io de Italia.
 
En la presentación intervendrán Joan Ramón Laporte, catedrático de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona y director del Institut Catalá de Farmacología; Juan Gérvas, médico general de Canencia de la Sierra (Madrid), del grupo de estudios CESCA y Carmen Ortiz, doctora del Hospital de Leganés y presidenta de la FADSP.“La Plataforma No Gracias quiere sensibilizar a la sociedad y, en particular, al sector sanitario (Administración, profesionales y pacientes) de la necesidad de cambiar las actuales relaciones con la industria farmacéutica. La Plataforma propone un nuevo marco ético que permita poner en valor el ejercicio profesional, el uso de los medicamentos y el buen gobierno de las instituciones públicas”, explican sus promotores.
 
En efecto, durante los últimos lustros ha crecido la corrupción en el sistema sanitario; en todos los sistemas sanitarios, sin duda, por la presión que ejercen en todos sus frentes buena parte de los laboratorios farmacéuticos. Estos han conseguido que se antepongan sus intereses comerciales a la salud de las personas. Numerosos profesionales sanitarios ven de manera cotidiana cómo se degrada su profesión en manos de intereses privados minoritarios. El nombre de la plataforma, No Gracias, marca de manera clara el espíritu de regeneración ética de estos profesionales (médicos, farmacéuticas, farmacológos clínicos e investigadoras, enfermeros, etc) pues alude al soborno y al cohecho con los que muchos visitadores de las compañías farmacéuticas “seducen” a una parte de los médicos y doctoras para que receten sus productos.

No Gracias, es un no a los regalos, premios o dinero de los visitadores-laboratorios (videos) pero es un no que va más allá y trata de poner de nuevo a las personas y su salud en el centro de la atención sanitaria. La Plataforma está impulsando un Manifiesto que cualquier ciudadano puede firmar.

Contacto: Carlos Ponte, coordinador de la Plataforma carponte@gmail.com

Los intereses empresariales que mueven la política

Con retraso, me propongo contar cómo se desarrolló la visita de los “conspiradores tóxicos”, como alguno nos llama, a Ávila el pasado sábado. Agradecer antes, una vez más, a la organización -la sección del Medio Ambiente del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.)- su dedicación, pues convirtió el evento de presentación de nuestro libro Conspiraciones tóxicas: Cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales, en un éxito de público y ventas, por cierto.

Foto: Ávila digital

Nos recibió la ciudad amurallada, la de mayor altura de todas las capitales de provincia españolas, con la primavera en invierno tan característica de este tiempo “cambioclimatizado”. La sala era la iglesia del Monasterio de Santa Ana, que se utiliza como salón de actos en la sede del Gobierno de Castilla y León en Ávila. Casi llena, con un público muy interesado en conocer quienes son y cómo actúan los grupos de presión empresarial o lobbies; gobiernos paralelos en la sombra.

Comenzamos con una rueda de prensa con un montón de periodistas donde recalcamos precisamente eso, que los lobbies industriales trabajan en la sombra con la clase política -con buena parte de ella, al menos- para impulsar tecnologías y servicios que la mayor parte de la población no aceptaría si fuera consultada al respecto: energía nuclear, alimentos transgénicos, productos químicos tóxicos, refinerías petroquímicas, macrourbanizaciones con campos de golf, contaminación electromagnética proveniente de la telefonía móvil y un largo, larguísimo etcétera.

Intervinimos unos 25′ cada uno de los tres autores, Rafael Carrasco, Joaquín Vidal y yo, Miguel Jara, que aproveché que el tema era el funcionamiento de los lobbies industriales para hablar del más potente de ellos: la industria farmacéutica, como explico en Traficantes de salud. Tras comparecer ante el público con nuestra exposición llegó un extenso turno de preguntas y tengo que decir que me sorprendió -o quizá no tanto porque ha sido la tónica durante todo el año que llevo presentando este último trabajo- que la mayor parte de las preguntas versaron sobre las prácticas de la industria farmacéutica, pese a que el acto se anunció como de presentación de nuestro segundo libro.
Esto demuestra una vez más el enorme interés de los ciudadanos por conocer los intersticios del entramado farmasanitario, cómo influye en su salud y en su enfermedad y cómo se negocia con las mismas. Y también por conocer las alternativas y los movimientos de respuesta ante la corrupción imperante que en los últimos tiempos están protagonizando tantos profesionales sanitarios deseosos de cambiar muchos aspectos del modelo actual.

Volvió a aparecer en escena el caso del medicamento Agreal de Sanofi-Aventis, por dos ocasiones, y en las dos recuerdo el gesto boquiabierto de las féminas cuando se enteraron de que este fármaco, utilizado para los sofocos de la menopausia, causa gravísimos daños en la salud de las mujeres. Bocas abiertas cuando expliqué que la primera sentencia de un juzgado -existen 4.000 demandas sólo en España- concluye que Agreal incita al suicidio, pero que en América Latina multitud de países siguen comercializándolo.

En fin, volvimos a repasar un fenómeno, el de hacer lobby, que crece al tiempo que la crisis de valores en Occidente y, que de no ponerle coto en breve, amenaza con terminar con lo poco que queda de democracia: la presión empresarial sobre la política coloca en el poder a las élites económicas.

El lobby de la telefonía móvil ¿ante los tribunales? II

Cuentan que la ex-directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Gro Harlem Brundtland, prohibía a los periodistas usar los teléfonos móviles en su oficina debido a su electrosensibilidad. “Las noticias fueron hechas público en Noruega y Suecia y unos meses más tarde, tuvo que abandonar la dirección de la Organización Mundial de la Salud. Muchos señalan a Michael Repacholi (máximo responsable medioambiental de la OMS) y a la industria de la telefonía móvil como autores de esta proscripción”, argumenta Carlos Sosa.

Montaje fotográfico de la organización anti-contaminación electromagnética Next-Up

Este médico colombiano, como contábamos el domingo pasado en la noticia anteriormente enlazada, está denunciando a Rapacholi ante la Justicia por crímenes contra la humanidad. La OMS ha ido retrasando en el tiempo un pronunciamiento oficial sobre los efectos del electromagnetismo en los seres vivos, argumentando que todavía no existen estudios concluyentes. La OMS y la ICNIRP -dependiente de la anterior- están acusadas por los científicos críticos con esta tecnología de estar demasiado influidas por la industria eléctrica y la de las telecomunicaciones.
 
“Para muchos analistas, son claros los fuertes lazos del ICNIRP con el ejército y con la industria de las telecomunicaciones, a la que han pertenecido muchos de sus integrantes, incluyendo a su ex director, el doctor Michael Repacholi, que ahora se desdice del estudio que publicó en Microwave News, en 1994, sobre la relación causa-efecto de telefonía móvil y el linfoma en ratas de laboratorio, análisis que le catapultó a la dirección del programa CEM de la OMS”[1], explica Carlos María Requejo, consultor ambiental experto en contaminación electromagnética, algo que explicamos en el libro Conspiraciones tóxicas.
 
El proyecto CEM (campos electromagnéticos) está impulsado por la OMS. Tiene entre sus objetivos “dar una respuesta internacional y coordinada las inquietudes que suscitan los posibles efectos sanitarios de la exposición a los CEM”.
Repacholi, cuando estaba contratado como investigador en Adelaida (Australia, su país de nacimiento) mantenía que las microondas eran peligrosas, pero una vez nombrado director del ICNIRP, argumentó que son inocuas. Al menos eso es lo que advierten quienes han seguido su carrera.
 
En los foros científicos críticos sobre contaminación electromagnética Repacholi digamos que no está muy bien visto. Así, en la página web de la Asociación Vallisoletana de Afectados por las Antenas de Telefonía (AVAATE) puede encontrarse un documento sobre los comentarios que hace sobre él en su página web Andrew Marino, un destacado investigador americano.

José Centeno, presidente de AVAATE, realiza mediciones para descubir antenas de telefonía móvil camufladas, la última “moda”

Titulado El Testimonio de Michael Repacholi, este documento, según AVAATE, demuestra cómo Repacholi “tergiversa repetidamente la ciencia para proteger a la industria y con ello desacredita a la OMS, que pierde su papel de velar por la salud de todos”. El documento muestra las declaraciones del responsable de campos electromagnéticos de la OMS en un juicio en Australia en 1990.