El Congreso vota si declarar España libre de transgénicos

Este miércoles se vota en el Congreso de los Diputados, en la Comisión de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca una Proposición no de Ley para declarar a España como territorio libre de transgénicos. Como hemos narrado en ocasiones, según advierten las asociaciones campesinas, en la Península Ibérica ya no queda maíz sin contaminar con transgénicos, ni siquiera el de producción ecológica. Esto significa un desprecio total por la cultura popular, por el saber campesino de siglos durante los cuales los agricultores combinaron semillas libre y artesanalmente para encontrar las mejores variedades, produciendo cultura, alimentando a la población. Lo que está debatiéndose en el Parlamento español es una Proposición no de Ley en la Comisión de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca para declarar España libre de transgénicos.

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Nuestro país es el único de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala. En España, en este año de 2008, se han cultivado 80.000 hectáreas de un maíz modificado genéticamente prohibido en siete países europeos. El último en dar el paso, Francia, prohibió su cultivo tras publicarse una serie de estudios científicos que evidenciaban sus impactos ambientales, incertidumbres sobre sus efectos para la salud y la imposibilidad de controlar su dispersión y proteger otros tipos de agricultura.Las semillas protegidas por patentes y por tanto de pago de las grandes compañías biotecnológicas que controlan el mercado mundial, como Monsanto, están destinadas a promover cultivos de variantes de marca que nos abocan a la desaparición de la vida en los campos, del mundo rural, de la capacidad de los agricultores y ganaderos para alimentarnos con calidad y de dejar el control de la alimentación mundial en manos de empresas que sólo buscan rentabilidad para sus accionistas.

Se produce así un perverso diseño del mundo en el que los agricutores que no paguen por sus semillas no merecen existir, como ocurre en India. Organizaciones sociales, ecologistas, de productores y ciudadanos preocupados están pidiendo a los políticos que regulen con responsabilidad y que apoyen la Proposición no de Ley 161/000296 para declarar España libre de transgénicos, lo que supondría un paso fundamental para proteger nuestro medio ambiente, la salud pública y apostar por un modelo de agricultura sostenible y de calidad.

Activismo sobre contaminación alimentaria y químico tóxica

He estado unos días de viaje en dos ámbitos diferentes pero que comparten experiencias y actitudes. El fin de semana, la asociación Slow Food Terres de Lleida organizó la I Feria de Alimentación y Salud en el Recinto Ferial de Balaguer. Todo un éxito en el que han participado varios miles de personas que han acudido a un evento en el que se han mostrado los alimentos que produce la rica comarca catalana de La Noguera, tanto ecológicos “con sello” como naturales o tradicionales. No ha faltado, como es lógico, el análisis social y las propuestas de cambio. Por mi parte, intervine en esta línea el sábado por la tarde dando una conferencia sobre los lobbies de la industria alimentaria y la salud. En concreto, sobre cómo actúa el lobby pro transgénicos en España y cómo tiene a su servicio hasta cuatro ministerios de Zapatero. La sala de conferencias estuvo llena en cada acto y creedme que era muy grande. El domingo volvió a repetirse la masiva afluencia de personas con interés por conocer otra manera de alimentarse, con lentitud y calidad, alejada de los presupuestos industriales de la comida basura y de la vida rápida.

El domingo por la mañana Josep Pàmies, agitador campesino y promotor de la Feria, nuestro auténtico José Bovè en lucha contra las multinacionales transgénicas, me invitó a conocer la finca donde cultiva en ecológico diversos alimentos que pueden encontrarse en media España, donde recupera especies agrícolas autóctonas o a punto de desaparecer y desde la que promueve el cultivo y uso de una planta como la Stevia, de la que varios expertos contaron en la Feria sus enormes propiedades en la lucha contra la diabetes y otras dolencias, sin efectos secundarios y que cualquier persona puede cultivar en su casa. Iremos tratando este asunto en próximos post.

La labor que está haciendo Slow Food en La Noguera así como Som lo que Sembrem, una fuerte coordinadora catalana contra la expansión de los productos trangénicos, es impresionante pues, entre otras cosas, están impulsando una Iniciativa Legislativa Popular para declarar Cataluña libre de trangénicos. Hoy no hay un sólo grano de maíz en toda España, convencional o ecológico, que no esté contaminado por el maíz transgénico que se cultiva experimentalmente en 30 municipios de la Península Ibérica, me comentó Pàmies. “Esto provocaría la dimisión de ministros y consejeros de las diferentes administraciones en cualquier país civilizado pero en Cataluña tenemos pruebas de que la Administración está favoreciendo a las multinacionales alimentarias en vez de a los ciudadanos”. Sobre esto también iremos publicando próximamente. Sobre la segunda parte del viaje publico mañana.

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Frankensalada: presión corporativa de la basura-comida en Europa

Esta semana se ha producido en la Comisión Europea, el órgano de gobierno central de Europa, una votación muy importante para el futuro de los alimentos transgénicos en el continente. Estaba en juego si se aprobaba el cultivo de dos nuevos tipos de maíz que llevan insertado un pesticida, como los que ya se cultivan en España. Pueden parecer anecdóticas estas decisiones y debates pero la industria biotecnológica (la que fabrica estas semillas y cultivos de laboratorio destinados a nuestra alimentación) va “colando” en los supermercados poquito a poco estos productos tan cuestionados.
 La Comisión también decidía sobre si cultivar en Europa una patata transgénica (que en este caso contiene genes de resistencia a antibióticos). La Comisión Europea, a iniciativa del presidente Barroso, está forzando el debate presionado por los potentes lobbies -o grupos de presión industrial- de la biotecnología. Políticos (muchos políticos europeos apuestan por la basura comida en la Unión Europea), de la mano de ciertas empresas, desean encarar la definitiva aprobación de cultivos y alimentos transgénicos en la UE.
 
Por ahora, esta Frankensalada tendrá que esperar: tanto los maíces como la patata de laboratorio “se han mandado de vuelta a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) lo que nosotros interpretamos como una desautorización a esta Agencia”, indican los portavoces de Amigos de la Tierra, organización que ha elaborado un excelente informe sobre la presión que las compañías pro alimentos transgénicos están llevando a cabo sobre los políticos europeos para que impulsen la alimentación de laboratorio.

Conviene explicar que la institución europea encargada de velar por la calidad y seguridad de lo que nos llevamos a la boca los ciudadanos, según las normas de funcionamiento de la Administración europea, a la hora de autorizar un cultivo o un alimento se limita a revisar los informes de la compañía interesada en comercializarlo. No realiza análisis independientes. Así se explica que la EFSA, a petición de la Comisión, y gracias a que el actual Comisario de Medio ambiente europeo no parece estar por la labor de impulsar la alimentación trasngénica, haya recibido de nuevo los informes sobre estas variedades de laboratorio para su revisión (que volverá a no ser independiente).

Este funcionamiento -legal, repito- de la EFSA es idéntico al de la EMEA, la Agencia Europea de Medicamentos, que tampoco realiza estudios independientes cuando una farmacéutica solicita licencia para comercializar un fármaco en Europa. La EFSA, además está conformada sobre todo por biólogos moleculares. Haría falta otros especialistas para juzgar otros aspectos del cultivo y comercialización de alimentos transgénicos, como los ecólogos. Amigos de la Tierra advierte que muchos empleados de la EFSA tienen conflictos de interés con las compañías biotecnológicas. ¿Quién está gobernando Europa?

En este documento se denuncia la proximidad entre el órgano ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y el lobby biotecnológico, capitaneado por EuropaBio. Desayunos “de trabajo”, encuentros o jornadas de la industria cuentan con altos cargos de la Comisión. La presencia de la industria en órganos asesores clave y el acceso privilegiado a la información señalan también la preocupante cercanía entre los grupos de presión de la industria y la Comisión.

El resultado: un marco político favorable, intentos de rebajar los controles sobre los cultivos y alimentos transgénicos, apuesta firme de la UE por la comida biotecnológica y millones de euros de fondos públicos dedicados a financiar las investigaciones de la industria.

EuropaBio es uno de los principales grupos de presión sobre alimentos y cultivos con organismos modificados genéticamente en la UE, y presume de su trato directo con miembros de la Comisión Europea. Las campañas de este lobby de la agricultura biotecnológica están lideradas por las empresas Bayer Cropscience, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta.

EuropaBio también ha presionado a políticos europeos para conseguir que la biotecnología aplicada a la agricultura se haya convertido en un tema estrella en el programa de investigación de la UE con una inversión de 53 mil millones de euros provenientes de las arcas públicas.

La Comisión Europea promueve estas conexiones entre lo público y lo privado a través de plataformas tecnológicas específicas sobre alimentación y cultivos transgénicos, y sobre biocombustibles y productos alimentarios, en plena crisis mundial de subida de precios de los alimentos básicos (entre otras razones por los cultivos para biocarburantes).

Se trata de la trasvase de dinero público hacia intereses económicos privados. EuropaBio es, en sus propias palabras, “la voz de la industria biotecnológica en Europa”. Hoy aún más poderosa con el dinero de los ciudadanos europeos.

El lobby farmacéutico y transgénico en el Gobierno ZP

 
 
Pronto van cumpliéndose las peores expectativas en materia sanitaria y de medio ambiente con el nuevo Gobierno de Zapatero. La jugada de la desaparición de Cristina Narbona y el Ministerio de Medio Ambiente, o para mayor exactitud, la absorción por parte del Ministerio de Agricultura (ésta sobre todo química, industrial y con cesiones al lobby pro alimentos transgénicos) de la cartera de Medio Ambiente, ha sido muy comentada. Se interpreta, y los hechos comienzan a confirmarlo, como un intento de acabar con una voz y una política crítica, la de la propia Narbona, y con un Ministerio que podía ser un obstáculo al actual modelo desarrollista, insostenible ambientalmente y por lo tanto poco saludable que practica el Gobierno.
 
 
 
 
Puestos a gestionar una segunda legislatura, ganada la primera con una política “social”, el PSOE está optando por darle un perfil más mercantilista, más proempresas al nuevo Ejecutivo. Narbona molestaba, en muchos casos estaba consiguiendo que el suyo fuera un Ministerio pro ecología, y esto es necesariamente contrario a la lógica promercado del Gobierno, cualquier gobierno europeo en la actualidad.
 
Narbona molestaba y como “cargarse” de raíz un Ministerio entero, el de Medio Ambiente, hubiera sido demasiado chocante, se ha asimilado a Agricultura, que posee una tradición de favorecer a las grandes compañías frente a las pequeñas y medianas explotaciones; de fomentar la industrialización intensiva y con productos químicos tóxicos del campo; y que es en la actualidad el garante de los intereses de la gran industria biotecnológica, es decir, de los alimentos transgénicos (España es el país con mayor superficie de cultivos transgénicos de toda Europa).
 
 
 
 
El nuevo Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente de la ministra Elena Espinosa seguirá apoyando la inclusión en nuestros platos de productos transgénicos y por lo tanto poniendo en peligro nuestra salud y la del entorno. Y tendrá en sus manos toda la parte de Medio Ambiente que antes no gestionó y que Narbona llevaba con un aceptable resultado.
 
Pero el lobby pro transgénicos no sólo controlará buena parte de las decisiones de Agricultura, como viene haciéndolo durante los últimos lustros; el Gobierno ZP ha colocado a Cristina Garmendia al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación. En el libro Conspiraciones tóxicas, explicamos con numerosos ejemplos el fenómeno de las “puertas giratorias” (trasvase de ejecutivos del sector público al privado o viceversa). Este vuelve a ser un caso de manual. Garmendia era, hasta entrar en el Gobierno de Zapatero, presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España (en el que están otros lobbies como la Fundación Antama o las mayores multinacionales de transgénicos del mundo: Monsanto o Pioneer), y que también congrega a buena parte de la industria farmacéutica biotecnológica (Bayer, Merck, Bristol-Myers Squibb, Roche, Schering Plough, Esteve -que dirigen Farmaindustria-, o Gilead Sciencies -creadores de Tamiflú/Gripe aviar-).
 
Esta empresaria hasta hace unos días, en 2000 fundó Genetrix, una compañía privada del sector de la biotecnología. Garmendia, no pierde su tiempo y también es presidenta de la Fundación Inbiomed que, financiada con dinero público, está dedicada a la investigación genética con fines farmasanitarios.
 
 
 
 
El Ministerio de Ciencia e Innovación es clave para la industria farmacéutica. Así, uno de los periódicos sanitarios que ejerce de portavoz de la misma, ha publicado que su creación “ha sido muy bien recibida por la industria”. Los grandes laboratorios ven en Garmendia a una de los suyos: “será un buen apoyo para evitar desarrollos legislativos excesivamente dañinos para el sector”, argumenta dicha publicación.
 
Hay que tener en cuenta que a media legislatura anterior el Ministerio de Sanidad sufrió un cambio radical. La ministra Elena Salgado, que como muchos medios especializados en temas sanitarios han publicado no gustaba nada a Farmaindustria, fue desplazada al Ministerio de Administraciones Públicas. En su lugar entró el actual ministro Bernat Soria, muy del gusto de las farmacéuticas. Como ha publicado Correo Farmacéutico: “El ministro Bernat Soria quería convertir esta legislatura en la del impulso de la industria farmacéutica española, ‘incluso abordando la posibilidad de un cambio en la legislación de patentes'”, verdadera piedra filosofal de Farmaindustria.
 
 

 

Si Cristina Garmendia quiere sacar adelante ese proyecto de cambio de legislación -ahora es de su competencia tras las nuevas atribuciones de su Ministerio- tendrá que contar con el Ministerio de Industria, que también posee competencias legislativas en temas de patentes. El citado periódico recuerda que “al frente de Industria estará, en los próximos años, Miguel Sebastián, amigo y protector político de Cristina Garmendia y figura en ascenso por su amistad con Rodríguez Zapatero”.

Si no he contado mal, las industrias biotecnológicas (compuestas por las pro transgénicos y farmacéuticas) tienen cuatro ministerios y cuatro ministros a su disposición: Agricultura, Sanidad, Innovación e Industria. Y además han visto mermado en sus facultades el de Medio Ambiente.

 

 

Algunas cosas, como digo, comienzan a cambiar, a peor, se entiende. Para muestra un botón. El pasado fin de semana TVE emitió un reportaje sobre alimentos transgénicos. Como cuenta en una carta dirigida al programa en que se emitió una persona que ha trabajado en el Ministerio de Agricultura y ha sido testigo del vaivén de lobbistas pro transgénicos en el mismo, se eliminó (por problemas técnicos) la intervención de la única voz crítica con el tema de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG´s) aplicados a la agricultura, la de Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace.

Además, se utilizaron imágenes de la deforestación de la Amazonia para el cultivo de soja transgénica justamente para lo contrario, para explicar las bondades de estos organismos que no son necesarios y que sólo traen beneficios a muy pocas empresas privadas. ¿Estará cambiando la línea editorial de la tv pública al ritmo de los cambios pro corporaciones en el Gobierno ZP?