Darwin, “Un mundo feliz” y la eugenesia

Para el avance de la ciencia es necesario el debate. Eso es lo que estamos haciendo también desde este blog en el “año Darwin” que nos toca. La primera publicación de una serie de artículos que el profesor Máximo Sandín me mandó ha tenido muy buena acogida por parte del público, no hay más que leer los comentarios a dicha información, abundantes y profundos. Hace unos días Sandín me hacía llegar una última entrega. Escribe el profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid: “Tengo la impresión de que en las últimas entregas he podido abusar de la capacidad de imaginación de mi amigo el lector, intentaré darle un respiro. En este caso, voy a ser yo el que de rienda suelta a la imaginación para premiar a mi amigo por su paciencia con una especie de entretenimiento. Unas disquisiciones inconexas con las que pasar el rato, pero a las que no se debe conceder demasiado crédito”.

La ciencia es peligrosa; hemos de tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada”, Aldous Huxley, Un mundo feliz.

Primera disquisición: Algunas características del “Mundo feliz” en el año 700 depués de Ford: Los miembros de esa sociedad se hacen “in Vitro”, por manipulación genética, fabricados en serie. La sociedad está dividida en castas, en orden de categoría (que implica inteligencia, habilidades, capacidad emocional, atractivo físico, etc.). Esas castas son: Los Alfa, que son los individuos más inteligentes, y su papel consiste en ocupar cargos de dirección en la “tecnópolis”. La casta siguiente son los Beta, que también cuentan con una inteligencia avanzada, pero menos que la de los Alfa. Su trabajo consiste en hacer tareas complicadas, pero que no requieren tanta agudeza como las de los Alfa. Los siguientes, los Gammas, no son muy inteligentes, y su misión es normalmente realizar trabajos cualificados de un nivel medio. En cuarto lugar se encuentran los Deltas, individuos de escasa inteligencia que son mano de obra en fábricas y apenas se interesan por ningún asunto. Por último, se encuentran los Epsilones, humanos estúpidos con inteligencia casi animal y sin capacidad alguna de razonar que realizan las tareas más sencillas en la comunidad: servir a las demás castas y los trabajos más degradantes.

La diversión y el tiempo de ocio de los ciudadanos están controlados, así como las creencias por medio del “control hipnopédico”, para el que hay especialistas en “frases hipnopédicas”: “Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones hacen una verdad”.

Segunda disquisición: Algunos datos históricos: Thomas Henry Huxley y Sir Joseph Dalton Hooker, los protectores de Darwin y principales responsables de la consagración científica de este, eran, al igual que el propio Darwin y Sir Francis Galton, primo de este, eugenistas. Galton, convencido, al igual que Darwin, de la herencia tanto de las virtudes como de los vicios, promueve una eugenesia “positiva”, es decir, a través de matrimonios selectivos privilegiando aquellos entre los elementos más inteligentes de la sociedad. El paso de la eugenesia “positiva” a la “negativa”, es decir, la prohibición de reproducirse de los débiles y los imperfectos, es postulado por Leonard Darwin (1850-1943), hijo de Charles y sucesor de Galton en la dirección de la Sociedad Eugenésica, que el mismo Galton había fundado en 1907. Estas tesis del uso de la fuerza para impedir la reproducción de los genes “inadecuados”, tienen su aplicación hasta fechas muy recientes en distintos momentos y diferentes países de los que hablaremos más adelante.

Pero siguiendo con nuestra historia, Huxley y Hooker, junto con algunos personajes poderosos del mundo de la ciencia, fundan el X-Club, que fue criticado por ejercer un excesivo control sobre la ciencia de su época (Huxley y Hooker fueron los fundadores de la revista Nature). El X-Club se desvaneció en la sombra, al menos aparentemente, a la muerte de los fundadores, pero las sociedades eugenésicas y sus intenciones han seguido en pié, a veces bajo nombres que no se asocian a sus actividades y apoyadas por fundaciones cuyas denominaciones suenan a dinero. El de los apellidos representantes de las grandes fortunas mundiales.

Tercera disquisición: Los proyectos para el futuro: Una de estas fundaciones (quizá la de nombre más sonoro) creó la disciplina de la “ingeniería genética” en un intento de reducir la vida humana a “secuencias de genes definidoras” con la intención de poder ser modificadas para cambiar a voluntad las características humanas. También fue promotora de “la revolución verde” y de los cultivos transgénicos, los “agronegocios” del monocultivo industrializado que pretenden el control, por unas pocas multinacionales, de la alimentación mundial. El último proyecto, también en las mismas manos, es el proyecto Svalbard. La creación del banco subterráneo de semillas en Noruega, bajo unas condiciones de seguridad propias de la ciencia ficción. “La cámara del día del juicio final” de Svalbard tendrá capacidad para albergar cuatro millones y medio semillas diferentes.

Y aquí vienen las preguntas, en este caso unas “autopreguntas” de las que libero al lector. Cuando los científicos más prestigiosos hablan de que “cambiando los genes se conseguirá gente más inteligente”, o “vivir doscientos años”, o que “se conseguirá clonar personas”… ¿han pensado a qué personas se refieren? ¿a toda la Humanidad? Cuando aseguran que los cultivos transgénicos se utilizan para luchar contra el hambre en el Mundo, cuando repiten machaconamente “frases hipnopédicas” ¿es por simple rutina o desconocimiento, o saben lo que están haciendo? Y, finalmente, ¿se inventó realmente Aldous Huxley, nieto de Thomas Huxley la novela “Un mundo feliz”? Absurdo. Demasiado fantasioso.