España impulsa el Wifi mientras otros países lo obvian

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Mientras que en los países de nuestro entorno distintos gobiernos e instituciones están prescindiendo de la tecnología Wifi, en nuestro país las administraciones lo impulsan frente al sistema de cable. Los últimos estudios científicos publicados sobre la contaminación electromagnética que despiden estos servicios han alertado a los primeros mientras que los segundos parecen ignorarlos.

 

 

¿Qué tienen en común la Comunidad de Navarra, el barrio madrileño de Chueca o la biblioteca municipal de Collado Villalba (Sierra de Guadarrama (Madrid))? Los tres son ejemplos de “Zona Wifi (wireles fidelity-conexión inalámbrica)”. ¿Y la Universidad Lakehead (Canadá), la Biblioteca Nacional de Francia en París, el territorio sueco o el Ministerio de Salud de Alemania? Que son zonas enemigas de la tecnología Wifi: han decidido no instalarla o la han retirado. 

Pero ¿cuál es el motivo para que instituciones tan notables no quieran adaptarse a la “modernidad” y prefieran por apostar por “un pasado movido por cables”? El último motivo es que la prestigiosa Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) ha alertado sobre los graves riesgos para la salud que implican las ondas electromagnéticas de los teléfonos móviles, de las redes de comunicación informática sin hilos como WiFi [pda’s, bluetooth, también], de las antenas para móviles y de los radares policiales. En experimentos con ratas a las que se aplicaron ondas electromagnéticas de móviles el grupo que las recibió duplicó su tasa de mortalidad con respecto a las que no. El tiempo al que las ratas fueron sometidas a radiación y presentaron esos resultados en su salud equivaldría a un uso diario de dos horas del móvil durante 60 años en personas. Hoy muchos niños con una edad en la que todavía se está terminando de formar su cerebro ya lo utilizan.

 

 

No es el único trabajo científico, ni mucho menos, que obtiene este tipo de resultados. Hace unos meses se conoció un nuevo estudio científico de gran envergadura que llamó la atención sobre la necesidad de disponer de estándares más estrictos de seguridad de la telefonía móvil, las líneas eléctricas y otras fuentes de exposición electromagnética en la vida diaria como el Wifi. El informe se conoce como “Bioiniciativa (BioInitiativ Report): Un fundamento sobre los estándares de exposición pública a los campos electromagnéticos basándose en la biología”. Lo ha realizado un grupo de trabajo, Bioiniciativa, que reúne a científicos, investigadores y profesionales de las políticas de salud pública internacionales. En total, 14 expertos más otros doce críticos externos al trabajo. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) ha aportado a este informe un capítulo basado en un estudio de la propia institución. 

Pero ¿a qué conclusiones llega este trabajo que ha analizado otros 200 análisis ya publicados? Y ¿de qué enfermedades que pueden provocar estas tecnologías nos hablan los científicos de este grupo de trabajo? El informe argumenta que hay pocas dudas sobre que la exposición a los campos electromagnéticos causa leucemia infantil. “Existen evidencias de que otros tipos de cánceres infantiles pueden estar causados por los campos electromagnéticos”, explica este estudio. La población que ha utilizado un teléfono móvil durante diez años o más tiene altas posibilidades de desarrollar un tumor cerebral maligno. Además, estudios realizados sobre mujeres en su puesto de trabajo “sugieren de una manera bastante contundente” la evidencia de que los campos electromagnéticos son un factor de riesgo para el cáncer de mama.

 

 

Esta es la denominada “hipótesis de la melatonina”, en la que ha trabajado José Luis Bardasano, doctor de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud. “Esta dice que los campos electromagnéticos inhiben la posibilidad de que la glándula pineal actúe y no haya melatonina y si no hay melatonina, puede haber cáncer y entre ellos el de mama”, explica el científico. El estudio financiado por la Unión Europea (proyecto Reflex 2005) demostró, en más de diez laboratorios diferentes, que la radiación electromagnética de la telefonía móvil es capaz de romper el ADN, nuestra información genética. 

Pese a ello, en España las administraciones continúan impulsando tecnologías como el Wifi que siembra de pequeñas antenas los edificios donde se instala. El principio de precaución dice que cuando no se conocen los efectos en la salud de una tecnología lo razonable es no instalarla o al menos tomar todas las medidas posibles de precaución. Así lo están haciendo los países de nuestro entorno.

 

 

El presidente de la Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña dice que no se conoce lo suficiente sobre los posibles efectos en la salud de la tecnología WiFi a largo plazo. Una investigación del programa de la BBC “Panorama” encontró que los niveles de radiación en un salón de clases de una escuela en Inglaterra eran tres veces más altos que los niveles de radiación emitidos por una torre de telefonía celular. 

Suecia fue el primer país en reconocer los daños en la salud humana que puede provocar la contaminación electromagnética incluso como condición médica válida por la incapacidad que provoca. Este país incluso ha creado una instituciónpública (www.feb.se) que ayuda a las personas que enferman por esta causa; las personas electrosensibles (aquellas que ya manifiestan los síntomas y padecimientos del Síndrome de las microondas. Más info en el capítulo 1. Adictos a la cobertura). Organizaciones sociales han pedido al Gobierno sueco que cierre la red estatal de Wimax hasta que se realicen estudios concluyentes de los casos de contaminación electromagnética detectados en el país nórdico, y en ello está la Administración central.

 

 

Todo comenzó en el municipio sueco de Göten, cuando entró en funcionamiento la tecnología inalámbrica a través de una nueva estación base de Wimax. Según la Agencia STV, a las pocas horas, en los servicios de emergencia del hospital local, hubo una serie de quejas de los residentes que vivían cerca de la estación base. Estas quejas iban desde dolores de cabeza fuerte, dificultad para respirar, visión borrosa, e incluso dos casos de arritmia del corazón. Todos los síntomas diminuían una vez que el paciente era trasladado fuera de las cercanías de la estación Wimax. 

De manera paradójica, el Gobierno Foral de Navarra ha manifestado públicamente su intención extender el Wifi a toda la población y existen barrios enteros como el de Chueca, en Madrid, que presumen de tener cubierto con esta tecnología de Internet inalámbrico el 90% de su superficie. La expansión por instituciones públicas y las universidades ha comenzado pero en contrapartida, por ejemplo, los estudiantes de la Universidad Lakehead, en Ontario, Canadá, tienen prohibido conectarse a internet en varias zonas del campus universitario donde se ha eliminado el uso de tecnología Wifi.

 

 

Como comentábamos al principio, también se ha producido la retirada Wifi de la Biblioteca Nacional de Francia en París -la más grande del país vecino- por los problemas de salud que desarrollaron sus empleados. Y ha sido retirado en otras bibliotecas de Canadá y Suiza y en los ministerios de Salud de Alemania y Francia. Carmelo Santolaya, portavoz del Colectivo de Afectados por la Telefonía Móvil de Navarra, lleva años denunciando el impacto de las microondas en la salud humana y el medioambiente. Él no duda en afirmar, citando a científicos especialistas en bioelectromagnetismo como Robert Becker, que “estamos ante el mayor problema sanitario y medioambiental del mundo muy por encima del provocado por el aumento de emisiones de CO2 y del cambio climático”. 

Para Santolaya, el Wifi es el último peligro electromagnético: “El Gobierno alemán lo ha desaconsejado a sus ciudadanos, como ocurre en Suiza y en Canadá. En París lo están retirando de las bibliotecas. En Navarra, entre otros muchos lugares, se ha instalado en el propio Hospital de Navarra, así como en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), en colegios, jardines públicos o bibliotecas”.

 

 

Nuestro país en este campo se muestra de nuevo paradójico. En España los grandes medios de comunicación prácticamente no se han ocupado de la contaminación electromagnética. Al principio de la década de 2000, casos como el de los colegios García Quintana y Federico García Lorca de Valladolid, donde se detectó un número inusual de cánceres infantiles, dispararon todas las alarmas en la población. Pero pasó el tiempo (era ministra de Ciencia y Tecnología Anna María Birulés, que había trabajado en Retevisión, Amena o Eresmas) y casi no se ha vuelto a tratar el tema a gran escala.

Todo lo contrario ocurre en Francia, donde, como informa la organización Next-Up -que posee en Internet un portal de los más completos en información sobre contaminación electromagnética, www.next-up.org-, el caso de los empleados de la Biblioteca Nacional de Francia afectados en su salud, se cree que por las ondas electromagnéticas del Wifi allí instalado, ha ocupado reportajes de varias de las televisiones más importantes del país galo. Por el mismo motivo que en la Nacional, el Comité de Higiene y Seguridad de Asuntos Culturales de la Ciudad de París ha desactivado el Wifi de otras seis bibliotecas públicas de París debido a que el Sindicato de Funcionarios Públicos se quejaba de problemas de salud e invocando el Principio de precaución. 

Desde el Colectivo de Afectados por la Telefonía Móvil de Navarra califican de asombroso “que los propios fabricantes de móviles advierten de los riesgos sanitarios mientras nuestras autoridades sanitarias callan. La ministra francesa de Sanidad y el Gobierno alemán advierten de los riesgos de esta tecnología móvil y desaconsejan el Wifi, que debe ser sustituido de inmediato por sistemas de cable”.

 

 

La no aplicación del principio de precaución puede tener consecuencias legales. Así lo entiende Carlos Sosa, un médico colombiano que acusa a Michael Repacholi, máximo responsable medioambiental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de crimen contra la Humanidad, nada menos. Este doctor participa además en una campaña para someter a Repacholi a la justicia internacional acusado de los citados cargos. Repacholi ha sido durante muchos años director del ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection, Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante), dependiente de la OMS.