Locas por estar contaminadas con químicos

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Los ánimos de las muchas personas afectadas por el Síndrome Químico Múltiple (SQM), en su mayoría mujeres, está desde ayer, si cabe, más soliviantado. Son pocos los trabajos científicos que se publican en castellano sobre esta enfermedad producidos por los miles de contaminantes químicos ambientales con los que convivimos. Pero ayer se estrenó en este idioma un estudio: The German Multicentre Study on Multiple Chemical Sensitivity (eis-germanmulticentrestudymcs-2008)-El estudio Multicentro alemán sobre Sensibilidad Química Múltiple (estudio-multicentro-aleman-sobre-sqm1).

Resulta al menos curioso que este trabajo, ya digo, de los pocos a los que pueden accederse en nuestro idioma, se «presente en sociedad» en plena efervescencia mediática por la vuelta de Elvira Roda, la enferma de SQM tratada en Dallas, a nuestro país. Se da la circunstancia también que muchas personas que padecen SQM son enfermas de fibromialgia y/o del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), las tres, dolencias relacionadas con la convivencia cotidiana con productos químicos tóxicos, diseminados estos en cualquier ámbito. Hace unos meses en este blog tratamos el tema del medicamento Lyrica, de Pfizer, para la fibromialgia.  Ahora la multinacional farmacéutica Eli Lilly informa que la FDA -la agencia de medicamentos estadounidense- ha aprobado su antidepresivo Cymbalta para tratar a las personas enfermas de fibromialgia.

Volviendo a la indignación de las pacientes de estas neo enfermedades o enfermedades ambientales, el citado estudio alemán concluye que las afectadas por el SQM tienen problemas psquiátricos más que otra cosa. «Los diagnósticos psiquiátricos estandarizados (…) demostraron que los pacientes en general, y el subgrupo con SQM en particular sufrían más a menudo de desordenes mentales comparados con una muestra comparables en edad y sexo de la población general y que en la mayoría de pacientes estos desórdenes empezaron muchos años antes de las quejas de salud relacionadas con el entorno». Traducido al lenguaje coloquial: los enfermos de SQM son más bien personas con antecedentes de problemas mentales que ya tenían esos problemas antes de comenzar a quejarse de las posibles afecciones que les causa vivir en medio ambientes contaminados.

El trabajo diferencia lo psicológico de lo orgánico, línea de trabajo que difiere de la de numerosos profesionales que tratan el SQM como un todo, con una fuerte base orgánica: «Nuestros resultados no apoyan la presunción de una base toxicogénica-somática del fenómeno SQM. Al contrario, se encontraron numerosos indicadores para la relevancia de acentuaciones conductuales, alteraciones psíquicas o deterioros psicosomáticos en el grupo de pacientes externos con una enfermedad ambiental subjetiva».

Ya ven, la SQM, concluye este estudio, no es orgánica y se duda incluso que exista como enfermedad ambiental. A la espera de que profesionales médicos especializados lo analicen punto por punto para los lectores de esta web, entre otros, las reacciones entre las personas afectadas por SQM; SFC o fibromialgia no se han hecho esperar. «Se nos trata de enfermos psiquiátricos», opinan desde una asociación de enfermos de fibromialgia. En Canadá varios expertos en estos síndromes analizan el trabajo alemán pues no lo conocían y hay personas que ya lo califican de «chapucero». Una investigadora para el gobierno canadiense indica: «Yo diría que el análisis de las SQM en este estudio es muy limitado y más bien una opinión. ¿Qué son sustancias de control? ¿la selección de los pacientes es rigurosa? ¿y los controles? ¿qué tipo de clínicas eran estas? ¿quién va a estas clínicas?». Otra mujer canadiense, escritora, periodista y especialista en SQM, entre otros motivos por padecerlo, se manifiesta en la misma línea.

¿A quién interesa catalogar como enfermos mentales a las personas que sufren fibromialgia, SQM o SFC? A los gobiernos no les interesa reconocer que hay millones de personas enfermas (y más que va a haber) por vivir en una sociedad del «bienestar» como la nuestra. Esto implica reconocer el fracaso del modelo económico social, un modelo que enriquece a los productores de sustancias químicas tóxicas y que enferma a todos. Pero también implicaría un gasto sanitario enorme pues son muchas las víctimas, con afecciones multisistémicas, y de difícil e individualizado tratamiento.

Las industrias relacionadas con dicha producción y comercialización de productos que pueden resultar nocivos (la lista es interminable y convivimos con ellos a diario) es obvio que salen beneficiadas porque se concluya que estas personas son locas, histéricas o vagas que buscan una excusa para no tener que ir a trabajar: vasito de agua, pastillita y a no molestar, es el remedio propuesto, por lo general.

Hay otros beneficiarios, las empresas farmacéuticas que coloquen en el mercado antidepresivos como Cymbalta y demás medicamentos para enfermedades crónicas, que no curan -sólo esconden los síntomas- y por lo tanto hay que consumirlos siempre. Ojo a esto porque como escribió en este mismo blog una especialista en estos temas que ya he citado sobre el fármaco Lyrica: «También hay que tener en cuenta que muchas personas con fibromialgia tienen sensibilidades químicas lo cual limita qué y cuánta medicación se puede recetar. El uso de la Lyrica tiene que estar integrado en un asesoramiento ambiental (químicos, dieta, etc) de la vida del paciente».

Un último apunte. Como cuento en Traficantes de salud, Cymbalta, además, es peligroso. La FDA cambió en 2005 su ficha técnica con motivo de los casos de Hepatitis notificados.