Viaje por América Latina con las enfermedades inventadas

Pues sí, muchos días ya sin actualizar el blog. Un viaje por Caracas (Venezuela) y Bogotá (Colombia) me ha tenido ocupado durante la última semana. El motivo ha sido una invitación del Ministerio de Salud vanezolano y del departamento de Salud de PVDSA, la empresa más grande de Venezuela para participar en un evento, el I Simposio Internacional Medicamentos y Salud Pública que estas dos instituciones han organizado en Caracas.
 
Un éxito total, desde mi punto de vista. El salón de actos de la citada compañía, que acogió el evento, de una jornada de duración, estaba llena, unas 450 personas contando por lo bajo, la mayoría médicos, farmacéuticas, profesionales sanitarios o altos responsables del sistema de salud. Me llamó la atención el enorme interés del público asistente.
 
Estoy acostumbrado a que en los eventos públicos que participo haya un buen nivel de conocimiento de los temas que se tratan pero en Venezuela el calor de las personas que se acercaron a escuchar las conferencias, su interés por los temas, la participiación en el acto, fue especial.
 
El Gobierno venezolano está haciendo un esfuerzo muy importante por impulsar el sistema público de salud y la calidad del mismo, y este encuentro fue buena muestra de ello. Me tocó ser quien abriera el simposium hablando sobre la fabricación de enfermedades. Los participantes invitados fueron de lujo. Tras de mí intervino por videoconferencia el periodista australiano Ray Moynihan, aunténtico pionero y experto en la divulgación del fenómeno de la invención de enfermedades. Continuaron Nuria Homedes (directora del imprescindible Boletín Fármacos, sin cuya existencia no podría haber escrito mi libro Traficantes de salud, dicho sea de paso); Teresa Alves activista de Health Action International (HAI) y muy buena oradora; Perla Buschiazzo, especialista argentina en prescripción racional de medicamentos y accesibilidad a los mismos; y Claudia Vacca, investigadora de la organización civil colombiana Ifarma y profesora de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia.
 
La prensa venzolana también ha mostrado un gran interés por los temas desarrollados, destacaría, entre otras, una entrevista que me hizo Venezolana de Televisión en horario de máxima audiencia.

Un viaje pues breve pero muy muy intenso en el que hay que agradecer a la organización el esfuerzo realizado, su claridad de ideas y el despliegue de medios hecho para concretar en una jornada tantas voces hablando de asuntos tan necesarios para la ciudadanía, y que esta supo aprovechar.

Y aprovechando, valga la redundancia, que estaba en Venezuela y que en Colombia se había organizado un evento similar por las mismas fechas, Ifarma y la Universidad Nacional de Colombia me invitaron a dirigirme a Bogotá. En dicho espacio participamos Teresa Alves y yo, ella habló sobre agencias regulatorias y yo titulé mi intervención Morir en busca de salud, sobre la crisis de credibilidad de la industria farmacéutica, como me habían solicitado.

Nos presentó el decano de la Facultad de Económicas e intervinieron un profesor de salud pública y otro de economía. Nuevamente quedé sorprendido por el compromiso social de estos y del público, muy amplio y joven en su mayoría -a excepción de dos conocidos abogados que suelen representar a los grandes laboratorios farmacéuticos en Colombia-.
 
El día siguiente fue muy intenso; los días en Latinoamérica comienzan muy pronto. También en horario de gran audiencia me entrevistó un doctor muy conocido en Colombia, Carlos Francisco Fernández, Asesor Médico del Grupo El Tiempo, el de mayor difusión del país colombiano. La entrevista, para una tv andina, versó sobre la fabricación de enfermedades pues por la tarde, el mencionado periódico, preparó un foro con las principales cabezas del sector en el que de nuevo Teresa Alves y yo volvimos a hablar ante médicos, funcionarios de la agencia de medicamentos colombiana o portavoces de laboratorios y patronal farmacéutica de la influencia decisiva de la industria de la salud en nuestra enfermedad y bienestar.

Departimos, en público y en privado con uno de los máximos responsables de una de las patronales de laboratorios en Colombia, e incluso, tuvimos tiempo para enterarnos de que en dicho foro se encontraba presente -aunque no tomó la palabra pese a que estaba invitado a ello- alguien que, tras concluir el evento, hizo una llamada a uno de los máximos responsables de una de las multinacionales farmacéuticas que operan en Colombia. Informó sobre qué habíamos contado Teresa y yo. Sobre todo invirtió su tiempo en comentar lo que yo había explicado durante mi intervención despertando su curiosidad y la de su interlocutor la gravedad de los hechos que cité referidos a determinados laboratorios y que hablara en público de ello. También gastó su tiempo en insultos varios.

Nos vinimos muy satisfechos de nuestra estancia en tierras colombianas y preocupados de que la agencia de medicamentos de ese país tenga en su consejo de dirección a representantes de la industria farmacéutica, conflicto de interés que altos funcionarios de la administración de salud no ven como tal, aunque muestran cierto interés por avanzar hacia la ética y la independencia.